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domingo, 24 de septiembre de 2017

EL LADO DEBIL A FORTALECER EN EL DESARROLLO CIENTIFICO CUBANO

Esteban Morales Domínguez.
UNEAC

Las ciencias naturales y exactas, siempre han tenido el privilegio de ser las punteras en el desarrollo científico de Cuba. A ello ha contribuido su relativa neutralidad ideológica.
Esto ha sido así, por muchos años, debido, tanto a las lógicas prioridades establecidas que han tenido, como a los errores que se han cometido con la conducción de las ciencias sociales y las humanidades.
Al ser la revolución cubana un fenómeno, esencialmente político, se habló siempre mucho de lo político y lo social, pero muy poco del campo científico que las sustentaba.
La labor educacional convirtió a Cuba, a partir de la alfabetización, en una gigantesca escuela. Y entonces comenzaron a crearse las bases para el verdadero avance científico de la Isla
Desde muy temprano, muchos, que antes no hubieran tenido la menor oportunidad, llegaron a las universidades y a los centros de investigación que se crearon.
Pero varios fenómenos, nos llevaron a lo que se constituyó después, el pecado original de nuestro desarrollo científico, afectando sobremanera el avance de las ciencias sociales y las humanidades:
1-    El acercamiento al Campo Socialista, a la URSS en particular, desde principios de los años sesenta, vincularon de modo muy fuerte, nuestra formación científico social y humanística a las Universidades soviéticas en particular.
2-    Al no ser Cuba un país europeo, ser caribeños y subdesarrollado, con muy poca tradición científica; pues teníamos lumbreras intelectuales individuales, pero nunca escuelas, ello significó que la ciencia, sobre todo, las humanidades y las ciencias sociales, nos comenzaron a llegar del campo socialista.
3-     En particular, el llamado Marxismo Leninismo, del cual contábamos con muy pocas referencias; a no ser el haberse fundado tempranamente el primer Partido Comunista en 1925, alrededor del cual comenzó a formarse una intelectualidad socialista. Aunque cómo es posible suponer, una intelectualidad, con ideas y políticas, muy dependientes de la Internacional Comunista de entonces y de la   Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), fundada también en 1925. No obstante, bajo el influjo de las luchas revolucionarias de los años veinte y treinta, paralelamente a ese marxismo partidista, surgieron corrientes más heterodoxas, vinculadas al nacionalismo radical cubano, caso de Guiteras, Pablo de la Torriente, Raúl Roa y otros.

4-    Como es de suponer, tras el triunfo de la revolución cubana, la formación marxista cubana, masivamente entendida, vino del entonces Campo Socialista y de la URSS en particular. También nuestra formación política, incluso en la forma de dirigir políticamente, en  la que no le faltó tampoco cierta influencia de los métodos estalinistas.

5-    Solo el genio de Fidel Castro y las contribuciones del Che, nos salvó de la mecánica repetición de la influencia soviética, se pudo contar con una identidad propia y estuvo claro, que la experiencia de la URSS, no era repetible en Cuba.
6-    Pero el marxismo soviético entró masivamente en Cuba, a partir de: la gran masa de estudiantes que en la URSS se formaron, incluidos muchos profesores de Filosofía y Economía Política; el sistema nacional de escuelas de instrucción revolucionaria y el asesoramiento de profesores soviéticos; la masiva entrada de bibliografía del llamado campo socialista; y los métodos de trabajo académico.
7-    En el orden político estuvieron presente los métodos de trabajo, tanto partidarios como administrativos. Copia del modelo soluciones de estructura administrativas, como lo fueron los Comités Estatales.

8-Nuestros oficiales de las Fuerzas Armadas también fueron formados en la URSS y otros países socialistas. Dotándonos de una capacidad defensiva muy superior a la del Ejercito Rebelde.
9-    Nuestra estructura partidaria no poco copió de la experiencia soviética, con la consiguiente reproducción de ciertos, mecanismos y métodos de trabajo, que poco o casi nada tenía que ver con nuestra idiosincrasia y experiencia nacional.

Al llegar los años setenta, la academia cubana reproducía la enseñanza del llamado Marxismo Leninismo en sus acepciones de Filosofía Marxista Leninista, dividida en Materialismo Dialectico, Materialismo Histórico y la enseñanza del llamado Comunismo Científico. Que, junto a este conjunto, devenían en la base teórica de la investigación científica en las ciencias sociales.
Nuestra investigación social estaba en “pañales” y la negación de la Sociología en los años setenta, junto a la tendencia a no considerar que ciertos problemas como la prostitución el racismo, el machismo y la discriminación racial, entre otros, no eran problemas internos de la sociedad cubana a investigar, pues nuestro socialismo no los reproducía, hicieron que tales fenómenos, durante mucho tiempo no recibieran la atención científica que requerían.
No obstante, el dogmatismo generalizado en todas las ciencias sociales del campo socialista, las de Cuba estaban más atrasadas porque: en algunos países socialistas se abrían escuelas de sociología, cuando en Cuba las cerrábamos. Conocían más y estaban más informados del desarrollo de las ciencias sociales y humanísticas a escala internacional que nosotros.  Producían sus propios manuales etc.
Es decir, nuestras ciencias sociales y humanísticas, estaban requeridas de un tratamiento    propio, nacional   que sirviera también para poner a la sociedad socialista que emergía bajo el microscopio de las ciencias.
Además de contar con un proceso de formación teórica que no respondía a nuestras necesidades, la información del desarrollo de las ciencias sociales a nivel internacional, incluida américa Latina, eran muy bajos.
En tal contexto, promovido por la propia reforma universitaria, emergía el proyecto cultural conformado por el Departamento de Filosofía, la Revista Pensamiento Crítico y la editorial Revolución, los que hacían nacer una experiencia, que además de académica, era esencialmente política. Pues como había dicho el Che, se hacía necesario, rescatar a Cuba de los “caminos trillados “y construir los propios. 
Tal vez, muchos piensen que se trataba solo de un departamento académico, de una simple revista teórica y de una editorial de textos heterodoxos. Pero todo pretendía un más allá. A la búsqueda de la experiencia propia, de una revolución, por primera vez en un país subdesarrollado, pobre, caribeño, latinoamericano, con una experiencia histórica muy particular, no podría nunca encontrar, los derroteros a seguir en la experiencia europea socialistas, que en nada tenía por qué parecerse a la cubana.
Pero de manera inmediata, al comenzar sus labores, el Departamento de Filosofía y la Revista Pensamiento Crítico, emergieron dos corrientes de pensamiento, para la enseñanza universitaria dentro de la Universidad de La Habana. Estas corrientes provenían de los mismos que integraban el cuerpo profesoral universitario.
Los que, aferrados al llamado Marxismo Leninismo procedente, principalmente de la URSS, lo continuaban considerando, como la “biblia” de las ciencias sociales; palabra sagrada a la que nadie debía oponerse o tratar de revisar; y la de los que asentados en la experiencia del Departamento de Filosofía y la Revista Pensamiento Crítico, deseaban, sin apartarse del Marxismo, modernizar su enseñanza. Y dotar a las ciencias sociales cubanas de un cuerpo de pensamiento propio, en contraposición al procedente de la URSS y del resto del campo socialista.
Pero más que un asunto de   enseñanza universitaria, detrás de ambas corrientes, supuestamente académicas, se ocultaban dos posiciones políticas. Una de ellas con fuertes antecedentes históricos ya esbozados; la otra con la frescura del momento que se vivía para entonces.
La de los que miraban a la URSS y al supuesto marxismo clásico procedente de ella, como el camino a seguir por la revolución; considerando como una herejía la experiencia del Departamento de Filosofía y la Revista Pensamiento Crítico. Y los que, basados en esta última experiencia, consideraban que se trataba del camino propio a seguir por la revolución cubana. Lo cual produjo el ambiente político para el encontronazo que vino después.
Sin dudas, que de eso se trataba. De no seguir los caminos trillados, ni en el orden teórico, ni en el práctico.
En el orden práctico, significaba superar la experiencia estalinista de la URSS. A la que no estamos en condiciones de dedicar tiempo en este trabajo.
En el orden teórico, asumir una concepción propia, que, sin apartarse del verdadero Marxismo, buscara las raíces de este último en los clásicos y en la posterior historia del marxismo, no en la experiencia histórica y teórica de la URSS; que ofrecía un Marxismo castrado, oportunista, dogmático y anti dialectico, tergiversado por la experiencia estalinista de la URSS. Intención que parecía bastante difícil, para una masa de renovadores jóvenes, pero que, a mi entender, no resultaba imposible.
De todos modos, a pesar de lo que se avanzó, la experiencia no resultó. El Departamento de Filosofía y la Revista Pensamiento Crítico fueron eliminados.
 Lo que comenzaba a ser un camino propio para el desarrollo de las ciencias sociales y las humanidades cubanas, se frustró. Historia esta última recogida en nuestro ensayo titulado “Universidad y Política”. Pues como explicamos en ese trabajo, las conjunciones de varios factores destruyeron la experiencia, que hoy muchos lamentamos. Y de cuya destrucción nunca podremos arrepentirnos lo suficiente.
Un ambiente universitario contrario a la existencia de la experiencia; el dogmatismo presente en el llamado Departamento de Marxismo Leninismo del Ministerio de Educación Superior. Ciertas corrientes y orientaciones políticas provenientes de la Dirección Política del MINFAR y del Departamento de Educación Interna del Comité Central del Partido, formaron la “tormenta perfecta” que se tragó, tanto al Departamento de Filosofía de La Universidad de La Habana, como a la Revista Pensamiento Crítico. Todo lo cual fue sustituido por un trabajo que restituyó la enseñanza masiva del llamado Marxismo Leninismo, en todas las universidades. Sin producir ajustes ni modificación alguna de esa enseñanza, que como recogen opiniones y encuestas, múltiplemente repetidas, se le comenzó a hacer insoportable a una parte significativa    del estudiantado universitario.
 Fue declarada la experiencia, de Filosofía y Pensamiento Crítico, como algo   nocivo, revisionista, contraria a la revolución, que políticamente no tendría posibilidades de repetirse. Dado que había tratado de introducir el revisionismo en la enseñanza de las ciencias sociales y las humanidades cubanas y, por tanto, dentro de la ideología de la revolución.
Se producía así una contradicción de la cual ha sido muy difícil comenzar a liberarnos. Pues al ser el Marxismo la ideología de la revolución y las ciencias sociales    consideradas como su equivalente, toda investigación o formulación critica ha sido vista como un ataque a la ideología de la revolución. Situación que durante largo tiempo a lastrado a nuestras ciencias sociales para actuar como tal.
Los líderes de tal experiencia fueron casi todos sancionados políticamente por el Partido Comunista de Cuba y dispersados, como para que no pudieran volver a juntarse nunca más. Los que eran militantes del partido fueron sancionados, pero su pertenencia al Departamento quedó como una mancha en sus expedientes. Los no militantes confrontaron toda clase de dificultades para poder intentar ingresar al partido, hasta que una resolución del Buró Político en el año 80 los libero de esa situación.
Todos los centros del partido fueron posteriormente afectados por una reorganización y fusión, donde el más golpeado, lo fuel el Centro de Estudios de América (CEA), atendiendo a que parte de sus miembros provenían del Departamento de Filosofía.
 El centro había comenzado a escribir sobre temas cubanos, realizando propuestas que fueron consideradas como reformistas. El grupo fue inculpado públicamente dentro de un Informe del Buró Político al quinto pleno del Comité Central del Partido en 1996, con términos como “quintacolumnistas, con carnet en el bolsillo”. El consejo de dirección fue disuelto y sus miembros reubicados por separado.
Por supuesto, los años han pasado, los “Muertos que vos matasteis, casi todos, gozan de buena salud”. Y salvo las irreparables pérdidas de Hugo Ascuy y Fernando Martínez; este último después reivindicado y colmado de honores y reconocimientos, que siempre mereció, todos hoy continúan luchando por las ideas que un día defendieron. Todos han sido leales a la revolución y cargan con gran honor la experiencia vivida.
Por otra parte, las nuevas generaciones han encontrado en esas experiencias renovadoras un vínculo con lo mejor de la historia de la revolución.
No ha habido nunca una autocrítica pública de esos lamentables acontecimientos, que sin dudas, fueron procesos de los cuales nuestras ciencias sociales y humanísticas, aún continúan recuperándose.
Hoy, por suerte, historias como esas no podrán repetirse, ni como las que vinieron después, con el Centro de Estudios de América, Europa, Asia, África, que también sufrieron los residuos de semejante periodo de oscurantismo político.
Y es porque nuestra intelectualidad ya ha vivido, además de las mencionadas, suficientes experiencias, que como la llamada “guerra del email”, el denominado “quinquenio gris” y la ocurrencia de todo cuanto pueda venir, la han convertido en una masa de intelectuales revolucionarios, que no se dejan amedrentar por nadie ni por nada; estando dispuestos a librar cuantas batallas sean necesarias para salvar a la revolución.
Razón por la cual, las experiencias del Departamento de Filosofía, Pensamiento Crítico, el CEA, entre otras. son irrepetibles. Porque contamos con una intelectualidad, aguerrida, cohesionada, revolucionaria, que hace imposible que tales historias puedan repetirse.

Agosto 21 del 2017.

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