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martes, 3 de mayo de 2016

Cuba - Estados Unidos: influencias y confluencias culturales

Publicado el abril 18, 2016 por Dialogar, dialogar

ESTEBAN MORALES. 

(Transcripción de sus palabras en el espacio dialogar dialogar de la AHS)

Bueno, muchas gracias.

Nosotros hemos ganado el primer round, el segundo es bien difícil, bien complicado.  Ustedes se han dado cuenta de  lo que tenemos por delante.  Todo  ocurre además en el contexto de que, cuando nosotros nos la tenemos que ver con Estados Unidos, no nos las tenemos que ver solamente con un grupo de poder, un sector social, etcétera; nos las tenemos que ver con una cultura política, dentro de la cual Cuba siempre aparece  como  parte del territorio continental  de Estados Unidos.
Lo segundo que yo quiero decir para seguir –no me voy a dejar embullar por lo que dijo Alfredo Prieto porque, si me embullo por eso, no terminamos–: nosotros y los norteamericanos nos parecemos muchísimo, tenemos no pocas  cosas en común y como pueblos hemos intercambiado mucho,  durante siglos.  Yo he dicho a veces que el problema fundamental de las dificultades que ellos tienen con nosotros es que se están enfrentando a una versión de ellos mismos, lo único que mejorada. Entonces ellos se molestan, pero es así.  No nos ponen el pie delante porque nosotros los conocemos; sin doblar  la esquina, ya los vemos.  Y esa es la realidad.
Voy a hablar de otro plano del intercambio académico. Yo tengo un artículo que se llama Ciencia y política, un dúo complejo.  Y cuando hablamos de ese dúo tan complejo, ahí está metida también  la ciencia ficción; porque todas estas cosas que nosotros estamos discutiendo ahora,  que estamos viendo ahora, hubo alguna  gente que las soñó  y las vio hace rato.
Hay una cosa que me dio extraordinaria posibilidad desde el principio: haber participado en el primer intercambio académico con Estados Unidos en 1977, donde estaba la compañera Milagros Martínez –ya lamento, hay tres personas de esa delegación  que no están en este mundo: los  profesores Oscar Pino Santos, Manuel Moreno Fraginals y Mirta Aguirre, tres luminarias de nuestra cultura.  Además,  después haber  visitado  muchas veces a los Estados Unidos.
No es posible hablar de un país si tú no has estado ahí. Por eso es que resulta tan importante que Obama haya puesto los pies sobre esta tierra en un momento como este. Eso es sumamente importante. Nunca el país que uno visita es el que vio en los libros.
Me acuerdo que  un grupo  íbamos para Estados Unidos en 1976, como en octubre aproximadamente, y Kissinger nos negó la visa.
MILAGROS MARTÍNEZ. No, la teníamos y nos la retiró.
ESTEBAN MORALES. Y las retiró. De eso hay un artículo incluso en la prensa por ahí, que yo hasta lo tengo guardado.  ¿Quién nos  dio  las visas después?  George Bush padre, que en aquellos momentos era el secretario de la CIA.
Dentro de la CIA, siempre ha existido un sector, que  tenido una visión de futuro en relación con la política hacia Cuba, siempre se adelantaron, y siempre pensaron que había que cambiar la política, que esa no era la política que se debía seguir con Cuba. Eso se lo digo porque conocí a mucha gente y trabajé con gente que seguían esa línea, y que estaban convencidos, y estuvieron convencidos toda su vida de que para poder subvertir a Cuba había que cambiar la política; que no era aquella, no era aquella política agresiva, de mano dura, no, era una política  “suave”.  Por tanto, quienes imaginen o piensen que el intercambio académico  con Estados Unidos está separado de la  la política,  están perdidos; son dos cosas dentro de una misma realidad.  Dos  caras de una misma moneda.
Cuando se coordinó  el primer convenio académico con Estados Unidos, que se firmó en 1983, con GeorgePackard, entonces  Decano de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados, bajo la sombrilla de la John Hopkins University, en el convenio no se pudieron introducir el resto de las ciencias; el interés exclusivo era  con las ciencias sociales,  políticas y  económicas, ese  únicamente, era  el interés de la parte norteamericana.  Y se puso  en el convenio  un parrafito donde se decía: bueno, no podemos satisfacer ahora los intereses de la parte cubana de que se pudieran  introducir Biología, Computación, Física, que nosotros teníamos interés en introducir esos elementos, como resultado de que estos  eran importantes para la Universidad. Pero como  ustedes saben,  existe un departamento dentro de Secretaria de Defensa, que es el que cuida la transferencia tecnológica, y aquí estamos hablando del año 1983; la posibilidad de que hubiera un espacio para que se pudiera producir transferencia tecnológica entre Cuba y Estados Unidos era poco menos que un sueño  en aquellos  momentos…  El interés era en  las ciencias económicas, políticas y sociales. Que  son las que ofrecen el marco propicio para el debate político que se proyectaba producir.
Es muy interesante relatar, que cuando nosotros estuvimos en la Fundación Ford, en el año 1980, para negociar el financiamiento para el intercambio académico con Estados Unidos,   un  vicepresidente de la Fundación Ford que nos  recibió, me dijo: “¿Ustedes saben por qué nosotros les damos  dinero para el intercambio académico?  Porque mientras peor estén las relaciones entre Cuba y Estados Unidos más importante es que los académicos se reúnan y discutan los problemas de esas relaciones.”  Esa es la Fundación, que mira hacia el futuro del sistema, es el sistema mirando hacia adelante, no dejándose agarrar  ni cercar por la realidad momentánea y circunstancial, sino mirando hacia el futuro.  Y de allí salimos nosotros con nuestros dineros para los intercambios académicos, que después fueron complementados también por la Fundación MacArthur, y que dio fuerzas para  que surgiera el Centro de Estudios sobre Estados Unidos, que había sido un grupo de estudio de Estados Unidos que se creó dentro de la Facultad de Humanidades por iniciativa de la profesora Gloria León. Le debemos eso. Gloria León fue la pionera del estudio de Estados Unidos en la Universidad de La Habana y casi en el país. Después me incorporé yo.
Cuando  llegué de Director de la Escuela de Ciencias Políticas me introduje  en el grupo, porque yo venía de la asignatura Imperialismo, de Economía, me conecté con Gloria  León  y empezamos a trabajar fuertemente,  convirtiendo  ese grupo en un departamento de Estudios sobre Estados Unidos, dentro de la Facultad de Humanidades, y de ahí fue que surgió el Departamento de Investigaciones  sobre Estados Unidos (DISEU), independiente, para convertirse después Centro de Estudios en Centro de Estudios de Estados Unidos,  deviniendo finalmente   en Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos,  que es hoy. Todo este proceso comenzó dentro de la Administración Carter en 1977.
Es decir, que nosotros no podemos separar el proceso del intercambio académico de todo lo que ocurrió desde el punto de vista de las relaciones, y de todo lo que ocurrió desde el punto de vista de la organización que se creó en la Academia para estudiar Estados Unidos.
Esto es importante tomarlo en consideración.
Por tanto, empezaron los intercambios académicos.  ¿Cómo comenzaron?  Empezaron con turismo académico: un intercambio de 15 estudiantes norteamericanos  de posgrado para 15 días en Cuba, y de 15 estudiantes de posgrado cubanos para 15 días en Estados Unidos. Así empezó el intercambio académico, como un intercambio de turismo científico entre ambos países.
Lideraron ese primer intercambio  Riordan Roett, profesor de SAIS y Esteban Morales por la Universidad de La Habana.
Después ese intercambio académico fue creciendo y se convirtió en un intercambio académico en el cual profesores nuestros viajaban a Estados Unidos, bajo los fondos que existían, y profesores norteamericanos viajaban a Cuba. Y al mismo tiempo, se celebraban conferencias, que se llamaron  “Cuba-Estados Unidos  en  su perspectiva global”,  se celebraron nueve, las  que tenían como objetivo precisamente discutir los temas referidos a  las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Entonces el liderazgo ya de este intercambio fue asumido por Wayne Smith, que dirigía el programa Cuba de la Jhon Hopkins University y Esteban Morales, que ya era director del CESEU.
Todo esto y más, fueron desconocidos por un informe elaborado bajo la dirección de la profesora Soraya Castro, que en 1977 y sobre todo  cuando se inició el turismo científico Cuba-Estados Unidos,  cuando comenzó el intercambio académico,  ni siquiera formaba parte del DISEU. Razones por las cuales, todo lo que se hizo en el intercambio académico  entre 1977 y 1985, no aparece en este informe. Desconociendo además, que fueron los profesores  Wayne Smith y Esteban Morales los que lideraron ese intercambio desde el principio.
Entonces todo ese proceso empezó dentro de la Administración Carter, porque en el año 1977 se crearon las Oficinas de Intereses de Estados Unidos en La Habana y de Cuba en Washington.
Entonces, ¿qué quiere decir? Que el intercambio académico siempre estuvo ligado a la idea de la importancia política que tenía ese intercambio  y a la idea de que ese era un elemento importante para entrarle  al debate  bipartito de  las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
¿Y por qué he dicho  ciencia ficción?  Voy a poner un ejemplo sencillo: porque, cuando en esos intercambios y reuniones, paneles que hacíamos, que los hacíamos en México, Canadá, nunca pudimos hacerlos en Estados Unidos, porque paradójicamente nunca dieron las visas para hacer los  intercambios en Estados Unidos, se discutían muchas cosas.  ¿Y qué cosas se discutían?  Se discutían los problemas de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos;  entre ellos,  –digamos—el propio  problema de la Base Naval de Guantánamo.  Y entonces nosotros decíamos: “Bueno, está bien, ¿cómo vamos a discutir el problema de la Base Naval de Guantánamo en un momento como este?”, momento como ese en el cual nadie podía pensar en eso. Entonces nosotros decíamos: “Bueno, off-the-record, como se dice con  frecuencia,  por parte de los norteamericanos, la Base Naval de Guantánamo pudiera ser convertida en un centro de detección de los ciclones, que vienen desde Islas Sal, y cogen el corredor entre Cuba y  Centroamérica, y después suben para Estados Unidos a la altura de Pinar del Río.  Entonces esa pudiera ser la solución de la Base Naval de Guantánamo. Pura ficción, pero que en el fondo generaba una alternativa política de solución del problema, que se discutía. Y así se hacía con varios  asuntos de las relaciones, generándose  así múltiples ejercicios de escenarios.
Entonces todos estos temas  se discutían en esas conferencias sobre  Cuba-Estados Unidos y su perspectiva global. Y estaban metidos en esas conferencias no solo los cubanos de acá, sino estaban también los cubanos de allá y los norteamericanos, todos estábamos  involucrados. Resultado de eso, se fue creando poco a poco, pudiéramos decir, un techo de debate, de discusión y además también de producción intelectual. Porque esas discusiones,  generaron  libros, decenas de artículos, cientos de ponencias, decenas  de grupos de trabajo y de debate, que fueron creando también una cultura de la complejidad de las relaciones y de lo que significaban esas discusiones .Fueron creando una masa crítica y un cúmulo de temas que algún día serían realmente objeto de discusiones políticas, como ahora lo son.  En eso no participó solamente el CESEU, participaron otros centros , el Centro de Estudios de América, Europa, África,  y otros. Además todo este desarrollo del intercambio académico  fue muy  apoyado  por LASA.
Que devino en una plataforma de relaciones, intercambio de grupos de trabajos, financiamientos para investigaciones, publicaciones y sobre todo un lugar de encuentro de todos los que se interesaban por el tema de las Relaciones Cuba-Estados Unidos y por  Cuba en particular. Por lo que de cada conferencia de LASA que se celebraba, partían siempre grupos de cubanos hacia otras universidades para dar conferencias, celebrar paneles, cumplimentar grupos de trabajo etc.
En el año 1977 los cubanos fuimos  por primera vez a LASA, creo que era la Séptima Conferencia de LASA,  que se celebró  en Houston, Texas. El  ambiente de LASA en esos momentos respecto a Cuba era de  apoyo a  nuestra asistencia, nos daban financiamiento para ir y nos pagaban los pasajes.  Ya este no es LASA de hoy, penetrado por la mentalidad neoliberal,  pero el LASA de esa época  desempeñó un papel muy progresista. Lo que sin dudas ofrecía un espacio para la discusión  de los problemas entre Cuba y Estados  Unidos.
Cuando aquí la Comisión designada para eso –en la que Milagros Martínez siempre participó y otros compañeros participamos– seleccionaba los profesores de las universidades para ir a LASA, eso  representaba que tenían un financiamiento y tenían pagado el pasaje para ir a las conferencias de LASA. Y hoy día ya se han dado 20 o 21, creo que ya se han dado como 20 conferencias de LASA.  Es decir, que se fue creando una masa crítica, por lo cual nosotros no podemos decir que  hemos llegado a este momento de hoy, en que se están debatiendo las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, espontáneamente, sino como resultado de un largo camino recorrido, donde la academia cubana desempeño también un papel protagónico.
Hemos llegado a un momento en el cual un Presidente norteamericano  por fin, un día 17 de diciembre, dice que va a cambiar la política. Reconoce la política de más de 50 años con Cuba como un fracaso y declara  haberse sentido auto aislado por esa política.
Cuando ese Presidente dice que va a cambiar la política,  podemos suponer que recogió   la experiencia de la época  explicada, en particular de  Carter, cuando se negociaron  asuntos para llegar a la mejoría de las relaciones.  Y el 17 de diciembre Obama dijo: vamos a establecer relaciones y después nos sentamos a la mesa de negociaciones para discutir las diferencias y los asuntos que tenemos. Variando así la ruta crítica de la experiencia anterior.
Yo estoy casi seguro de que el señor Presidente  recogió experiencias  de ese período histórico, sobre el cual, incluso  hay dos libros que centran su interés, con más de 700 páginas, en ese asunto precisamente de cómo fueron las negociaciones en la época de Ford y particularmente Carter,  fue el período más importante de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos antes de Obama.
Entonces quiere decir que la Academia va generando.  ¿Qué va generando?  Va generando política.  Los maestros en eso, yo puedo decir,  que son los norteamericanos, son los maestros en ligar la Academia con la política, y  tienen un gran aparato de generación de política, conjunto con  la Academia, sirviendo al imperio.
Entonces quiere decir que nosotros, para la nueva etapa, tenemos que seguir fortaleciendo nuestra Academia, y tenemos que continuar discutiendo las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, tenemos que seguir participando en procesos como los descritos,  porque hay que generar hacia el futuro.  Ya este no es el momento en que  empezábamos a generar en el año 1977; este es un momento nuevo, y ellos van a seguir generando hacia el futuro, porque, véase,  por ejemplo, como  William LeoGrande en los últimos meses ya ha escrito como cuatro artículos, siguiendo el proceso del cambio de política en Cuba. Claro, Elier también ha escrito unos cuantos, y yo también  he escrito. Ademas, Jesus Arboleya, Carlos Alzugaray, Rafael  Hernández y otros. O sea, quiere decir que nosotros también  debemos continuar  generando; pero  no es suficiente, hay que buscar más fuerzas para seguir  produciendo alrededor de cómo marcha el proceso de las relaciones entre ambos países, en el marco de las nuevas condiciones después del 17D.
Puede que alguien piense que eso no  tiene ninguna importancia, pero sí tiene inmensa  importancia.  Si la Academia no piensa, discute, genera y produce, los políticos solos no pueden con lo que se están enfrentando.  Eso no es solo la reunión de dos  delegaciones  discutiendo los problemas; no, eso tiene que tener un background  atrás.  Si nosotros pensamos que eso no hace falta, estamos equivocados, porque los norteamericanos  sí tienen del lado de allá un proceso de generación y de creación continuas, que está estudiando las nuevas condiciones de las relaciones, escribiendo y generando para eso.
Entonces hay que asumir los intercambios académicos en toda su magnitud y su contenido. Y para ello se necesita un apoyo que debe darlo la academia. Sobre todo ahora, cuando ya no contamos con el Departamento América, han desaparecido centros  de investigación, el CEHESEU está debilitado, la tendencia del MINREX es a concentrarse en el CIPI.
Me pregunto, ¿de qué modo vamos a afrontar  la  avalancha de intercambio con Estados Unidos que se nos viene encima en provincia?
Bueno,  conocemos compañeros que están muy conscientes de eso, pero conocemos también otros que se creen genios y que ellos solos pueden llevar la política;  y no tienen tiempo a veces ni de leerse un cable.  Y leyendo  cables no se hace el análisis; eso necesita background de conocimientos  científicos  detrás, que no es solamente  agarrar  dos cables,  hacer un pequeño informito y decir: “Mira, jefe ahí está lo que yo pienso sobre esto.”  No,  hay que tener un background, hay que tener un acumulado.  ¿Y ese background y ese acumulado cómo se miden?  Se miden con una cosa que para nosotros es una cuestión de vida o muerte   –y ya voy a terminar–, y es que si alguien en este mundo se tiene que adelantarse  a los acontecimientos somos nosotros. La previsión política se puede hacer, es ciencia; pero no es como la predicción económica. La economía es, de las ciencias sociales, la menos inexacta, porque trabaja con números, trabaja con algoritmos; pero las ciencias políticas no trabajan ni con números ni con algoritmos, y entonces resulta más difícil hacer modelación política que modelación económica.  Yo vengo de la modelación económica   y después me he metido, no voy a decir que aprendí, no, me he metido en el problema de la modelación política, y creo que en los últimos 25 años he logrado avanzar algo y adelantar cosas que van a ocurrir.  Pero eso lleva tiempo y lleva gente, y lleva una secuencia de gente preparándose y preparándose y preparándose,y un investigador no es capaz de producir nada útil hasta que no tiene por lo menos diez años de quemarse las pestañas incansablemente y emborronar papeles para llegar a una producción, por lo menos diez años hacen  falta. Entonces quiere decir que ese es un problema importantísimo, sumamente importante, porque la otra parte –para terminar– del enfrentamiento político es el enfrentamiento científico, y nosotros ya  hemos entrado en una guerra distinta.  Esta es la guerra cultural, esta es la guerra de que hablaba Martí: a pensamiento.  Entonces, si no somos capaces de estar preparados para enfrentar esa guerra, no vamos a sobrevivir al segundo round.

¡Muchas gracias!