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martes, 26 de enero de 2016

Algunos enemigos potenciales de las Ciencias Sociales en Cuba




ESTEBAN MORALES

UNEAC

Hace algún tiempo que no escribo sobre fenómenos internos. Ahora volveré sobre ellos,  para hablar de algunas  ideas  que me inspiró el último “Dialogar Dialogar”,  dedicado al debate sobre las  ciencias sociales y humanísticas en Cuba”. Tema inagotable, sobre el cual debemos continuar discutiendo. Debate al que debemos incorporar masivamente a todo el que nos sea posible.

Estas ciencias tienen algunos  enemigos potenciales. Y digo potenciales, porque solamente pueden actuar si nosotros se  lo permitimos. Aunque alguno de ellos pueden disponer de fuerzas suficientes para   tratar de aplastarnos. Fuerzas que pretendan limitarnos en nuestras opiniones o amedrentarnos para que solo digamos lo que es del agrado de algún sector de poder.

Esos potenciales enemigos  pueden,  ser entre otros, los siguientes:

1.      La burocracia. En la que existen personas prejuiciadas e ignorantes, que ocultan  sus miedos, limitaciones  e incapacidades intelectuales, bajo la sombrilla del ejercicio del poder. El burócrata, que es una categoría muy específica,   experimenta  una  animosidad casi genética contra el científico y  el intelectual en general.
2.      La autosuficiencia. Siempre presta a hacernos creer  que lo sabemos todo y que no es necesario aprender de nada ni de nadie.
3.      El prejuicio. Que no deja al pensamiento volar.
4.      La cobardía. Siempre tratando de frenarnos frente a la necesidad de trabajar con las verdades.

Nuestras ciencias sociales y humanísticas  han padecido y padecen aun de todos esos males.

“Las ciencias sociales pertenecen a un tipo de actividad diferente de la política. No solo diferente sino independiente de la actividad política, aun cuando están en estrecha interacción.” (Revista Contracorriente…).

“Pero ello no significa que tenga que haber coincidencia entre las ciencias sociales y los puntos de vista de la política”. (Contracorriente…).

“La política está muy entrelazada con la coyuntura, por tanto, su lenguaje esta enlazado a unos códigos que permanecen mucho tiempo y se desfasan en ocasiones  del estado real de que alcanza el desarrollo de  las relaciones políticas. Las ciencias sociales pueden ayudar mucho a buscar alternativas, nuevos lenguajes y códigos para en función de objetivos estratégicos, sacar a la política del atolladero” (Contracorriente…).

Razones por las cuales, hay que defender las diferencias entre ciencias sociales y política y sobre todo, la independencia de las primeras. Dentro de esa relativa independencia de las ciencias sociales de la política, hay que defender los canales de entrada de sus resultados a la vida social.

Entre esos canales, los más importantes los siguientes:

-          La publicación  y divulgación de sus resultados.
-          La formulación de política y  la toma de decisiones.
-          El consumo social de sus resultados.

No obstante,   aunque no existe un divorcio,  aún  las ciencias sociales y humanísticas están muy lejos de haber alcanzado una articulación adecuada con la política, asunto que es vital para la supervivencia de nuestro proyecto social. Sobre todo, encontrándonos  a la entrada de un periodo histórico, donde  la guerra a librar será esencialmente cultural.

El papel más frecuente de nuestras ciencias ha sido el de diagnosticar y no el de pronosticar. Claro, que ello tiene mucho que ver aun, con la cobardía y el oportunismo, en no pocos de nuestros científicos sociales, que esperan por el discurso político, para no equivocarse  o no ser objeto de represalias. Lo que es muy dañino sobre todo, cuando  es el discurso político el que se ha  equivocado.

La ciencia tiene que prever, que adelantarse. Ciencia que no pronostica no  es ciencia. Esto  último resulta mucho más difícil en las ciencias sociales, que están mucho más cerca de la política y donde el factor subjetivo tiene una función de primer orden. Se necesita de una ciencia social que pronostique  y contra ello conspiran un conjunto de  fenómenos relacionados con las propias  ciencias sociales, pero también con la actividad  político-ideológica. No vale la pena recrear el conocimiento científico si ello no sirve para proyectarse en el futuro, si no sirve para adelantarse a lo que pueda ocurrir, lo que en el caso de Cuba es cuestión de vida o muerte.

Si  el trabajo científico debe servir para construir herramientas que tanta falta  hacen, para pronosticar los acontecimientos  y tenerlos agarrados antes de que ocurran. Para  ello  no basta con el análisis de  la coyuntura, sino que es necesario “modelar” la realidad para lograr pronosticar su posible comportamiento. Asunto muy difícil en nuestras ciencias sociales, aunque  no imposible.

Como  resultado de su propia naturaleza y juventud, las ciencias sociales tienen menos desarrollo relativo que el resto de las ciencias en el país. Situación que hay que tratar de solucionar, dado que se trata de un serio problema  para un país que pretende una dirección consciente de los procesos en lo social. Y cuando hemos padecido el estereotipo, de que, cuando se habla de ciencia, salvo que se especifique, se está hablando solo de ciencias naturales y exactas.

¿De qué modo avanzar,  si los políticos ejercen, no pocas veces, una presión burocrática, engavetando el resultado de las investigaciones,  frenando su publicación y conocimiento, o tomando represalias contra opiniones emitidas por  las  ciencias sociales, sobre todo si lo que expresan las investigaciones no están en línea con lo que desean los políticos ?


Durante estos años, se ha avanzado, yo diría que bastante, en la investigación sobre aspectos de la sociedad cubana, que debe ser el centro de nuestro quehacer científico, pero  todavía restan asuntos que son insuficientemente abordados, como la problemática  de las relaciones raciales, uno de los temas que presenta más atraso en su tratamiento científico.

Nuestras ciencias sociales no avanzan lo suficiente por su falta de integralidad; que para mí es lograr la capacidad de apropiarse de los instrumentos de análisis  que se desarrollan por  otras ciencias. En lo cual nuestras ciencias sociales  están muy atrasadas y ganarán mucho en integralidad cuando sean capaces de apropiarse del instrumental  analítico desplegados alrededor  de las ciencias matemáticas, en particular de la programación lineal, la estadística matemática,  los procesos estocásticos en general y las redes neuronales, entre otros temas.

La  insuficiencia  anterior tiene que ver con un mal casi  endémico dentro de nuestra educación, en particular de la educación superior. Con frecuencia los estudiantes seleccionan especialidades relacionadas con las ciencias sociales, por considerarlas  más fáciles, en lo que influye la tendencia de algunos profesores a expresar a sus estudiantes  que las ciencias  naturales y exactas  son más difíciles. Nuestro   modelo de enseñanza en ese aspecto,  esta  torcido, lo que limita mucho la formación de investigadores que vean a  la ciencia como una sola y que no establezcan compartimentos estancos y  prejuiciados dentro de ellas. Si el estudiante  es preparado con  esa deformación, que le introduce el propio sistema de educacional, estamos simplemente comprometiendo el futuro de nuestras ciencias, pues la investigación científica recibirá un producto no idóneo para avanzar.

En resumen, hay que modelar en las ciencias sociales, porque en definitiva, lo más importante que puede hacer la ciencia,  en cualquier campo del conocimiento,  es aportar algoritmos, leyes, métodos de comprensión de la realidad. Pues  es lo único que  permitiría  ser predictivos en el campo de las ciencias sociales y humanísticas,  en las que el factor subjetivo tiene tanta importancia. Ese factor subjetivo tan difícil de aprehender, pero  que desempeña un papel vital en estas ciencias.

Las ciencias sociales en realidad son las más difíciles, por el papel del factor subjetivo en ellas, el fenómeno de la conciencia,  porque su laboratorio es la propia  sociedad y porque este último solo puede ser construido a escala y de manera artificial, para lo cual hacen  falta la selección de  muestra, la estadística matemática y otros métodos. Todo lo cual las hace  más complejas y  difíciles y la sitúan  más atrasadas  respecto a las ciencias naturales y exactas. Adicionalmente,  requieren de una acumulación de lecturas,  conocimientos e integralidad,  que no  exigen otras ciencias.

Ha habido  confusión excesiva entre ciencia y política, que ha provocado más su contraposición,  que su complementación y una gran confusión entre discurso político y discurso científico. (Ver en mi blog. Ciencia y Política: un dúo complejo. ) Los científicos a veces se acobardan  y se auto limitan en  decir las verdades; los políticos  utilizan no pocas veces su poder, para tratar de imponer a las ciencias  sociales discursos que no contradigan a la política.

Esta relación “incestuosa” de las ciencias sociales  y humanísticas con la política y entre  los científicos sociales y  los políticos, ha retrasado e desarrollo de esas ciencias y ha provocado equivocaciones  y sufrimientos a algunos científico sociales.

Recordemos el caso de la  eliminación de los departamentos de Filosofía y  del departamento-escuela de Sociología, ambos  en  La Universidad de La Habana, en los años setenta. O de los  centros de estudios de América y el Centro de Estudios Europeos.  Lo que sin dudas provocó un retraso de más de diez años en el desarrollo de nuestras Ciencias Sociales.[1] Además,  los estudios de filosofía y de historia se reunieron en una sola facultad, por consideraciones netamente burocráticas de reducir el número de facultades.

No pocos trataron de oponerse a esos errores, que el Ministerio de Educación Superior  y el departamento de educación del Comité Central del Partido contribuyeron  a cometer, haciendo caso omiso a los que decían que se trataba de un craso  error que afectaría el desarrollo de la ciencias sociales y humanísticas.

También ha operado durante mucho tiempo, la  confusión entre marxismo leninismo y ciencias sociales; entre discurso político y discurso científico; entre ideología revolucionaria, (confundiéndola con el marxismo leninismo) y el discurso político,  por lo cual,  equivocarse en las ciencias sociales era   prácticamente equivalente a equivocarse con la ideología del partido.

Se ha avanzado algo durante estos años, pero aún no lo suficiente  y esclarecer en la  práctica política cotidiana las diferencias y correlaciones,  entre marxismo-leninismo, ciencias  sociales y discurso político, es un reto que aun esta por ser  vencido.

Ha habido   políticos  que creen  que pueden pedirles a los científicos sociales que los resultados de sus investigaciones  justifiquen las decisiones políticas y los  critican o sancionan cuando no esos resultados no les gustan. Ese control sobre  las ciencias sociales y humanísticas, que tanto daño ha hecho a su desarrollo y que ha sido heredado de los ex países socialistas, en particular de la antigua URSS,  tiene que terminar por desaparecer

Al mismo tiempo, algunos políticos y funcionarios de la administración pública,  monopolizan  resultados de estudios sociales, manteniéndolo en  una gaveta todo el tiempo que deseen; olvidándose continuamente de que la  producción de esas  ciencias  es también y en primer lugar para la sociedad. La ciencia solo produce  para hacer avanzar la política y la sociedad, cuando lo hace dentro de un ambiente de confianza, libertad y democracia.

Tal vez se piensa por algunos, que manteniendo un férreo control sobre la producción científica de las ciencias sociales,  se avanza más. Pero eso  es un absurdo, si el científico social no tiene la libertad de producir y está  siempre acosado por el miedo de decir algo que no sea del agrado de algunas  estructuras de  poder o  que  contradiga a la política;  sus resultados no servirán  para nada. ¿Cómo hallar alternativas para superar los errores de la política, si el científico social tiene que justificar la política aunque esta se  equivoque? ¿Cuál es la alternativa? ¿Equivocarse ambos y hundir al país?

Existe un criterio bastante difundido de que las  ciencias sociales  sirven  solo si solucionan  algún problema práctico,  sin tener en cuenta de que es  necesario trabajar  desde el origen de los proyectos investigativos y también  para  sí  mismas y que  no se pueden desarrollar prestándole atención solo a las investigaciones para la práctica social.  ¿Y sus  investigaciones fundamentales dónde quedan? Aunque en el resto de las ciencias, esto se ha llegado a entender,  en las ciencias sociales, aun es un  problema  sin resolver.

Me parece ver  cierta superación de estos problemas planteados, se observa, desde   hace algunos años, un ambiente más abierto y propiciatorio  para la creación, pero aun a  niveles insuficientes.

De los problemas planteados al principio  solo quedaría rendir cuentas con los prejuicios y la autosuficiencia, males que están presentes, tanto en los políticos como en los científicos, pero que entre  los científicos ocupan un lugar prominente.

He visto a  no pocos científicos que presentan  prejuicios con determinados temas;  por ejemplo,  con el tema racial, lo cual les limita para echar a volar su pensamiento. A un científico nada le debe ser ajeno y el científico  con prejuicio, no sirve es para la ciencia. Un científico debe siempre estar dispuesto y preparado para que su pensamiento vuele hacia los rincones más  recónditos de su alma. Si no asume o le tiene miedo a un tema,  está incapacitado para  asumir las complejidades del trabajo científico.

Un científico autosuficiente, que cree saberlo todo y piensa que no necesita aprender de nada,  está limitado en  la adquisición de nuevos conocimientos y por tanto en la ciencia, porque el aprendizaje es infinito; comienza con el nacimiento y termina con la muerte.

La Habana, Octubre 2 del 2015




[1] Lo de los 10 años, viene de haber comprobado en nuestra experiencia del CESEU, que solo después de ese periodo de preparación, es que un investigador adquiere la experiencia necesaria para comenzar a producir intelectualmente. (  Nota del Autor )

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