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Este Blog está dedicado a mi padre, a su obra de vida, a sus ideas, pero por sobre todas las cosas a su constancia. Al académico, padre y abuelo.

viernes 7 de octubre de 2011

Ciencia y Política: Un dúo complejo


Por Esteban Morales

Estado, política y Ciencia (Academia) representan una trilogía de actores que, en nuestra sociedad, deben actuar muy coordinadamente, de lo contrario se estarían sacrificando los intereses estratégicos del desarrollo social.

Tal trilogía puede ser sintetizada de manera esencial en las relaciones entre política y ciencia. Un viejo dilema ya planteado por Snow, en su famoso ensayo “El político y el científico”.

Este dilema toma su personificación en dos tipos de actores, el profesional de la política y el científico, con funciones sociales que no pocas veces se contraponen, pero que a fin de cuentas, dentro de nuestra sociedad, se complementan. Solo que esa complementación no es automática y para arribar a ella hay que decursar un difícil camino, plagado de incomprensiones mutuas, obstáculos, actitudes de ordeno y mando e intereses con frecuencia no coincidentes. De lo contrario, la relación, insoslayable, tiende solo a darse a través de la competencia de intereses. Lo que no correspondería a una sociedad como a la que aspiramos en la Cuba actual, dentro de la cual queremos que prime la cooperación en el trabajo político y el verdadero avance de la ciencia.
 A diferencia de lo que ocurre entre los llamados Policymaking y los científicos de la política en otras latitudes, por ejemplo, en los Estados Unidos.
POLÍTICA Y CIENCIA
La política, no es más que, en esencia, el ejercicio del poder, por lo que las relaciones entre política y ciencia no se nos van a presentar de manera directa, sino mediadas por el poder. Siendo este ultimo, en esencia, la capacidad de grupos, instituciones o personas para hacer valer sus intereses. Estos últimos vienen determinados por múltiples factores, que a veces se contradicen, aun y cuando, en tendencia, se pueda pensar en la sociedad cubana como una gran comunidad de intereses y propósitos.

Las ciencias, por su parte y en particular, entre ellas las ciencias sociales y humanísticas, como las mas cercanas a la política y al ejercicio del poder, deben entendérsele como un tipo de actividad humana, que forma parte de los procesos de producción típicos de las sociedades modernas, las que se caracterizan por la creación, difusión y aplicación de conocimientos. Mucho mas ahora que nunca antes, cuando se habla incluso de la sociedad del conocimiento.

Más que ello, las ciencias sociales y humanísticas y la ciencia en general, tienen que ser concebidas también como fenómenos de la cultura. Lo cual significa situarlas en conexión directa con la totalidad del entorno social en que estas se desenvuelven.

Las ciencias sociales y humanísticas en particular, pertenecen a un tipo de actividad diferente de la política, aunque se encuentran en estrecha y objetiva interacción. Lo cual se hace mas complejo, cuando entendemos que, en determinadas circunstancias, la ciencia puede traer aparejado también (de hecho lo es) una forma de ejercicio del poder. Situación a la cual no prestaremos atención ahora en este breve ensayo. Aunque se trata de un asunto que está presente querámoslo o no y soslayarlo puede resultar inconveniente y mas que ello peligroso, política y socialmente hablando.

Las ciencias sociales y humanísticas, a la larga, responden a intereses de clase, pues la misión del científico social es defender los intereses de la clase para la cual trabaja. Lo que no tiene nada que ver con los asuntos de subordinación de la ciencia a la política. Así actúan, incluso, los que piensan que pueden aislarse como en una “Torre de Babel”, dado que no es posible para nada sustraerse a la influencia de la política, pues aun y cuando se quiera hacer caso omiso de ella, ello también deviene en una posición política. Frente a la política, es un absurdo la neutralidad. No hay neutralidad frente a la política: en realidad el apoliticismo no existe, siendo tomar partido una de las primeras posiciones del científico social y humanista, aun y cuando piense que no lo hace.

Es que, en su sentido más amplio, no hay mirada ni lectura inocente: es decir, toda interpretación del mundo, toda forma de conocimiento de lo real, está ineludiblemente impactada por el posicionamiento de clase, la perspectiva política e ideológica, los intereses materiales, los condicionamientos culturales y la subjetividad consciente o inconsciente del intérprete de la realidad en cada momento.

La política, por su parte, está muy enlazada con la coyuntura, por tanto su lenguaje está entroncado a unos códigos que permanecen mucho tiempo y que, en ocasiones, se desfasan del estado real que alcanza el desarrollo de las relaciones dentro de la sociedad.

En medio de tal situación, las ciencias sociales y humanísticas entonces pueden ayudar mucho a buscar alternativas, nuevos lenguajes y códigos, para en función de los objetivos estratégicos, sacar a la política del atolladero. Aunque ello no es tan sencillo como pudiera parecer, pues lo anterior solo se logra a través de un largo camino de enfrentamientos, contradicciones y cursos de acción alternativos.

Es que la política no sólo se regula por ideales científicos, sino también por ideales de conciencia cotidiana, de otro nivel de reflexión y por las percepciones políticas. Aunque las reflexiones científicas aportadas por las ciencias sociales y humanísticas son fundamentales para asumir decisiones acertadas sobre la sociedad y la política, no siempre tales reflexiones científicas hayan su lugar dentro de la política práctica, dado que al frente de esta última está el poder, que siempre actúa con el celo propio del lugar y la responsabilidad que le corresponde. Con la tendencia innata en los políticos, de siempre considerar a los científicos como menos responsables, situación a la cual, los mismos científicos no pocas veces contribuyen.

Pero los errores que a veces se cometen al identificar el lenguaje político y el de las ciencias sociales, tienen que ser evitados. Tampoco se deben introducir los criterios políticos como criterios valorativos y de veracidad en el análisis científico, a lo cual también no pocas veces los científicos contribuyen, esgrimiendo los criterios políticos como criterios de autoridad en la ciencia.

No está excluida ni es ilógica la posibilidad de que la ciencia halle confirmación en la política, pero más importante es que la política tenga su fundamento en la ciencia.

En definitiva, ciencia y política no tienen por qué enfrentarse competitivamente, si ambas actúan mirándose de frente, y según sus campos correspondientes de acción. Sin embargo, es la política la que más obligada está de encontrar sus fundamentos en la ciencia y no la ciencia en la política, aunque ello también sea necesario como criterio para medir la utilidad del trabajo científico.

Por eso es tan importante defender las diferencias entre ciencias sociales y humanísticas y política, así como su mutua interdependencia. La relativa independencia entre ambas parece ser fundamental: una vez que emerge la ciencia, la política, para continuar avanzando, no puede prescindir de ella.

La política es muy anterior a las ciencias sociales y humanísticas. Pero cuando estas últimas nacieron, a la política le llego un potencial apoyo para convertirse ella misma en una ciencia, siendo ése uno de los aportes más importantes de Carlos Marx a la teoría social: su concepto de Ciencia Política.

Aun y cuando, como ya dijimos, entre ciencia y política se interpone el poder, seria absurdo que en una sociedad como la cubana permitiésemos que esas contradicciones se manifestasen de manera negativa; lo que es necesario, más bien, es que esas interposiciones y contradicciones objetivas, sean esgrimidas como fuentes del desarrollo de una dirección científica de la sociedad cubana actual.

De nuevo sobre las relaciones entre política y ciencia.

Dentro del universo en que vivimos, nada sobra. Si política y ciencias sociales fueran una misma cosa, una de las dos estaría de más. Si ambas existen, es porque poseen personalidad propia, para ocupar un lugar y desempeñar sus funciones especificas en el contexto de la dinámica social: “Entonces las ciencias sociales y humanísticas no pueden ser simples sistemas explicativos de fenómenos o hechos ocurridos”.

Las ciencias sociales y humanísticas deben existir y operar sobre la base de criterios independientes, que pueden o no coincidir con la política, pues la configuración de los objetos empíricos en las ciencias sociales y su forma de interpretación teórica, no pueden ser otra manera de existencia del lenguaje corriente de la política. En Cuba hemos avanzado en ese campo, pero debemos avanzar aun más e impedir a toda costa que aparezcan imposiciones de “ordeno y mando”.

Debemos evitar por todos los medios, además, que la política sea un simple espejo en el cual reflejar a las ciencias sociales y humanísticas. Estas ultimas no necesitan de ello y mucho menos la política, la que de ese modo entonces establecería una relación acrítica e incestuosa con la ciencia. Mas bien la política necesita que las ciencias sociales y humanísticas sean un cuerpo independiente de pensamiento, que responda por sus propias vías a las necesidades e intereses históricos de la clase que defiende la política; no simplemente para justificarla, sino para enriquecerla [1]. Cuando este principio básico no es respetado, no existe el contrapeso necesario y todos sin remedio se equivocan.

Es que las ciencias sociales deben tratar de desarrollar pronósticos y predecir el futuro, lo que para el caso de Cuba, sobre todo en su situación actual, es cuestión de vida o muerte. Por ello se exige del científico preparación profunda, seriedad, honestidad científica, pero también valentía política, para no dejarse imponer los designios de la política, sino participar directamente y con voz propia en su construcción.

No puede haber actividad científica subordinada de manera simple a la coyuntura política, a las necesidades políticas, aun y cuando las ciencias sociales tienen que contribuir al trabajo en medio de las coyunturas. En realidad, seguir las coyunturas es más bien una función de los aparatos de análisis de los Organismos del Estado y del Gobierno, los que se deben apoyar en las ciencias sociales, pero no traspasándoles una función que no les corresponde, por cuanto el papel de las ciencias sociales es más bien proyectar socialmente, ir más allá de la coyuntura política, sobre la base de que ciencia que no predice, no es ciencia.

Se trata, pues, de ir al fondo de los problemas y esclarecerlos, con independencia de cualquier determinación política o social en boga, dentro de un momento realmente determinado, sin dejarse atrapar por las coyunturas ni las soluciones de corto plazo.

La historia se construye de coyunturas, que se solapan en el tiempo, particularizando los momentos y dejando también saldos, sedimentos, que se proyectan en el futuro, influyendo en el comportamiento de los posteriores acontecimientos. Pero las ciencias sociales, por las misma razones antes apuntadas, deben proyectarse prestando atención a los saldos y sedimentos que deja la coyuntura, sin diluirse en los acontecimientos de corto plazo. De no hacerlo así, las ciencias sociales perderían su carácter proyectivo, su sentido estratégico y sus potencialidades de pronosticación, que seria perder su carácter de ciencias y no estar en condiciones de servir a la política.

Es también muy frecuente el error de considerar que las ciencias sociales tienen que ser facturadas por la política, para estar en condiciones de ser consumidas por el resto de la sociedad. Ello se expresa claramente en que, aun dentro de un proceso de comprensión del papel que deben desempeñar las ciencias sociales, la política frecuentemente reacciona con tendencia a monopolizarlas, facturándolas continuamente, como si la política fuera el único destinatario de las ciencias sociales.

Algunos científicos se dejan facturar, mientras que otros se resisten, defendiendo el papel relativamente independiente de las ciencias sociales, conflicto que solo tiene solución sobre la base de la mutua comprensión por ambos sectores sociales, del papel que corresponde a la política y el que toca a la ciencia. Pero sobre todo, de la comprensión de que las ciencias sociales van dirigidas también al individuo, a ellas mismas, la familia, la escuela, los medios de comunicación, entre otros, que las consumen muchas veces, sin que estas tengan que pasar, pasen o ser mediadas por la política [2]. Sería una verdadera tontería que esas esferas de la sociedad se dejasen arrebatar por nadie, los beneficios que les acarrearía mantenerse cercanos a las ciencias sociales, aprovechando sus resultados, todo lo cual desborda en mucho el interés por las ciencias sociales, solo como un objeto utilizable por la política.

Es que las ciencias sociales, además, no pueden sustraerse a la realidad de que dentro de esas actividades que se consumen, a veces estas son también generadoras de conocimientos científicos. Dado que, al menos en Cuba, no es solo dentro de la academia donde pueden generarse conocimientos científicos., todo lo cual es el resultado de la gama de profesionales de las mas disímiles especialidades, que en muchos lugares desempeñan su actividad concreta enfocando sus tareas también con un sentido científico. Asunto este ultimo que de poder generalizarse encierra una potencialidad de inestimable valor para el trabajo científico y para la solución de los problemas sociales.

Todo ello ha llevado a confusiones muy serias entre ciencias sociales y humanísticas, cultura y política, lo cual, durante largo tiempo, trajo como consecuencia que rara vez las ciencias sociales aparecieran como tales en los medios, fenómeno que trae no pocas consecuencias políticas negativas: Por ejemplo, durante mucho tiempo, nuestros científicos sociales y humanísticos, en el exterior, fueron siempre considerados como simples representantes del gobierno y de la política oficial, limitándoles así en su capacidad para representar a la academia cubana y a fin de cuentas, también, representar los intereses del país. En esa situación se ha avanzado, siendo expresión de ello -al menos en la televisión- las “mesas redondas especializadas”, el programa “Orígenes”, “Pasaje a lo desconocido”, y las clases televisadas, entre otros programas. Y dentro del campo científico, la libertad para la investigación y la creación científica en general.

Pero una variante extrema de la relación entre política y ciencia, es también considerar que las ciencias sociales y humanísticas, sus métodos y procedimientos tienen que estar divorciados de la política y de la influencia del momento. Aun y cuando las ciencias sociales tienen que llegar a sus propias conclusiones, por sus propios medios, incluso, con independencia de que puedan entrar en contradicción con la política presente, ello no significa que sus métodos y procedimientos de trabajo tengan que estar divorciados de la política ni de sus coyunturas, pues se trata de la independencia de las ciencias sociales y humanísticas, no de su divorcio de la política, dado que como mejor contribuyen a la política estas últimas, es siendo independientes, por lo que se trata de una independencia relativa y no absoluta de la política y sus coyunturas.

Es que el pensamiento científico, no puede estar subordinado a la coyuntura política, ni a la política misma, porque entonces tienden, oportunistamente, a encontrar las soluciones que más acomodan a la política, perdiendo su capacidad de hallar las alternativas necesarias por si la política falla o debe cambiar. Debemos partir, pues, de que la mejor política es aquella que desde el momento de su aplicación, ya debemos comenzar a pensar en como cambiarla, tratándose de una dialéctica cuya comprensión es indispensable: ninguna política es eterna, como no lo es tampoco la situación que la generó.

También debemos tener mucho cuidado, porque la palabra divorcio, tiende a introducir el criterio de la ciencia por si misma, lo cual no existe, porque en la cultura moderna, actúa muy fuerte la conciencia política como parte de la conciencia social. Es que ningún científico social, de ninguna esfera, puede abstraerse de la política y de sus coyunturas, pues estas permean toda la actividad humana y a todo el pensamiento social.

Negar esas realidades, sobre todo en esferas donde predomina la subjetividad, no es consecuente y es por demás una posición política. Paradójicamente, la política puede encontrar oposición de la clase que debe representarla y a salir de ese atolladero solo le pueden ayudar las ciencias sociales, buscando alternativas que no contradigan las proyecciones estratégicas. Pues imponer políticas, siempre será peor que esperar por otras soluciones, no obstante ser éste también un facilismo al que se apela con frecuencia.

Es muy sintomático que en periodos de coyunturas críticas, como lo es ahora, la política se lance rápidamente buscando el auxilio de las ciencias sociales.
Lo anterior es cierto, se ha repetido como una constante, desde que el compañero Fidel Castro fundó los Equipos de Investigaciones Económicas, en la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana en 1964, o por ejemplo cuando se hicieron los trabajos para formalizar matrimonios en la Cienaga de Zapata en los años sesenta. Sin embargo, ahora el proceso de acercamiento a las ciencias sociales que se viene produciendo, tiene un carácter mucho más profundo y diríamos sistémico, de urgencia, respondiendo -consideramos- no sólo a las necesidades actuales, sino más que ello, al grado de madurez alcanzado, la comprensión que han ganado tanto los científicos sociales, pero sobre todo los políticos, sobre la necesidad de trabajar juntos, así como de las exigencias que los cambios actuales reclaman.
La importancia de la teoría.
No es difícil en un país como el nuestro, escuchar aun frecuentes diatribas en contra de la teoría. Me pregunto de que modo podremos llegar a ser un “país de hombres de ciencia”, si menospreciamos la teoría; de qué modo, además, podríamos llegar a tener una “cultura general e integral”. Hasta que sea superada esa disfuncionalidad cultural, no seremos un país realmente culto. Es el precio a pagar, aún, por tantos años de subdesarrollo, a pesar de todo lo que se ha avanzado, a pesar de lo tempranamente que Fidel dijo “el futuro de nuestro país debe ser un futuro de hombres de ciencia”.

Científicamente hablando, siempre será más importante hallar el camino del conocimiento, que el conocimiento mismo, aunque se trata de procesos que no pueden ser separados. Es que la ciencia, entre otras de sus funciones vitales, debe ser capaz de construir modelos de interpretación, siendo ese precisamente su principal papel. La ciencia no puede ser una bitácora de hechos recogidos al azar, que no indiquen ningún camino para la interpretación de la realidad y su proyección futura.

A pesar de complementarse, existen diferencias básicas entre la  teoría de las ciencias sociales académicas y la práctica política. El asunto es que debemos distinguir entre el especialista que busca lograr una comprensión teórica de los fenómenos y formular generalizaciones acerca del comportamiento político, basándose en un alto nivel de probabilidad, y el encargado de tomar decisiones, que tiene que elegir un curso de acción inmediato. Es que el encargado de trazar políticas se preocupa por los detalles sutiles de los valores, las fuerzas y las preferencias políticas que operan en una situación particular en toda su realidad existencial, más que por la abstracción o la probabilidad, mientras que el teórico social quiere concentrarse primordialmente en aquellos elementos comunes a muchas situaciones. El encargado de trazar política, invariablemente, quiere información detallada acerca de aquellos elementos que son únicos respecto al curso que tiene entre las manos.

Los énfasis están determinados, por la posición de cada uno ante la realidad, sobre todo, en cuanto a las urgencias con que deben operar dentro de ella. El político, mas apresurado por dar respuesta a la coyuntura; el científico con más relativo tiempo para el análisis y acicateado por el necesario desarrollo de la ciencia. Estos énfasis -del científico y el político profesional- no alteran la necesidad de que cada uno intente apreciar las modalidades de conocimiento que son peculiares en ambos, pues ninguno puede permitirse el lujo de desestimar el conocimiento generalizado o particularizado. Ninguno de los dos puede operar olvidándose del otro, pues ambos se complementan objetivamente, es decir, al margen de sus mutuas voluntades.

Los teóricos académicos apuntan hacia la comprensión de los fenómenos; los políticos prácticos deben elegir cursos de acción. Los primeros intentan prescindir de los acontecimientos de todos los días, los segundos no pueden hacerlo. Al teórico le urge buscar no ya lo excepcional, sino lo general y sacrificar las descripciones detalladas del caso aislado, en favor de los modelos más amplios y abstractos que abarquen muchos casos. El teórico, además, debe estar dispuesto a tolerar la ambigüedad y a enfrentarse con probabilidades más que con certidumbres absolutas.

Se debe dar rienda suelta a la imaginación, para tratar con ideas poco comunes, incluso a veces parecer absurdas, que nos puedan llevar a reflexiones sobre asuntos antes impensados, estando siempre dispuestos a la aceptación de que podemos estar equivocados. Entonces, al adentrarnos en la  teoría, esta debiera permitirnos predecir algunas cosas, al menos, ayudándonos también a llegar a ciertos juicios de valor.

“Una  teoría, tal y como la concebimos, será entonces una herramienta intelectual, que nos ayuda a organizar nuestro conocimiento formular preguntas significativas y guiar la formulación de prioridades en la investigación, tanto como en la selección de métodos para llevar adelante la investigación de manera fructífera”. ( Dougherty- Sfaltzgarff. P.26).
Esta  teoría, por supuesto, estaría en capacidad de suministrar un marco para evaluar las recomendaciones políticas explícitas o implícitas, que abundan en todas las ciencias sociales y humanísticas.

A partir de la filosofía de la ciencia, una  teoría también se define como una construcción simbólica, una serie de hipótesis interrelacionadas, definiciones, leyes, teoremas, axiomas, variables y constantes; planteándose un enfoque sistemático de los fenómenos y presentándonos una serie de proposiciones o hipótesis que especifican las relaciones entre variables y constantes, a fin de presentar explicaciones y hacer predicciones acerca de los fenómenos.  Por supuesto, las ciencias matemáticas servirían aquí de instrumentos, no de simple pincel de representación, sino para operar con ellas, sobre la base de descubrir en el objeto de estudio seleccionado, los algoritmos y relaciones, biunívocas o no, que nos permitan trazar el modelo de la investigación, elaborar las hipótesis y arribar a conclusiones.

A continuación, a modo de ilustración sintetizamos un posible ejemplo.
La Teoría o Modelo del Conflicto Cuba-Estados Unidos, en los umbrales del XXI.

Un ejemplo típico de estas conceptualizaciones, lo tenemos en el “Proceso de Modelación del Conflicto Cuba- Estados Unidos”. [3]

Veamos:

Contexto Internacional.
Circunstancia concreta que da sentido histórico al modelo.

Determinada por:
- Derrumbe del Campo Socialista y de la URSS.
- Fin de la Confrontación Este-Oeste.
- Tránsito de Estados Unidos a la posición de potencia Hegemónica a nivel mundial.

Escenarios del Conflicto Cuba-Estados Unidos.
Marcos más específicos, dentro de los cuales se diseñan las políticas.

-Realidad Interna Cubana.
-Realidad Interna Norteamericana.
-Realidad Internacional.
    -Entorno global.
    -Entorno inmediato al conflicto.

Variables del Conflicto.
Micro escenarios o subsistemas de contradicciones especificas.

Pc- Perspectivas del Conflicto. (Variable dependiente).
Dsi- Dinámica de la situación interna cubana.
Ki- Correlación congresional en la política hacia Cuba.
Tb- Transnacionalización del bloqueo.
Le- Lobby económico.
Ac-Apoyo de la extrema derecha cubano-americana a la política contra Cuba.
Ai- Agresividad informativa contra cuba.
Rtb-Resistencia al proceso de transnacionalización del bloqueo.
N- Negociación internacional de una variante única de política para subvertir a Cuba.
B- Efecto administración.
Por lo cual, el modelo, se nos presenta del modo siguiente:
Hipótesis del Modelo.
Pc = f (Dsi, Ki, Tb, Le, Ac, Ai, Rtb, N, B)

Es decir, resulta un modelo matemático no lineal, en que la Perspectiva del conflicto (Pc) en una función de todas las variables independientes diseñadas. [4]

Notas:

[1]  Para ampliar, ver: Esteban Morales, Revista Marx Ahora No. 13. La Habana. Pp. 143-156

[2] La valentía del científico social, para reclamar este lugar, no siempre entendido por algunos  políticos, es de vital importancia, si realmente  el científico quiere desempeñar la función que le corresponde.
Septiembre 19 del 2011.

[3] Para ampliar ver: Esteban Morales, “Una Alternativa de Modelación del Conflicto Cuba-Estados Unidos, en  los Umbrales del Siglo XXI “, Revista Iberoamérica, No.4, 2006,  Moscú, Rusia.

[4] Para ampliar, ver: Esteban Morales, Revista ISRI,  No. 7 enero- julio del 2007, La Habana,  pp. 79-106.

Septiembre 19 del 2011.

miércoles 28 de septiembre de 2011

ALGUNOS DESAFIOS DE LAS CIENCIAS SOCIALES CUBANAS





Las ciencias sociales y humanísticas cubanas, arrastran ciertos desafíos que no son exclusivamente nuestros, y otros, que sí parecen tener  sello de ciudadanía.
Algunos de esos retos tienen que ver con asuntos tales como: las relaciones entre política y ciencias sociales; las ciencias sociales y la cultura política, la coyuntura y el largo plazo en el análisis de las ciencias sociales. Pero a  esos asuntos nos referiremos en otros trabajos, en éste abordaremos lo relativo al vínculo entre las ciencias sociales y las llamadas  ciencias naturales y exactas,  especialmente con las matemáticas.
¿Cuántos de los que ejercen su actividad en el campo de las ciencias sociales y humanísticas, lo han seleccionado huyéndole a las llamadas ciencias naturales y exactas, en particular a las Matemáticas?
Si se trata de un profesor en ejercicio,  trasmitirá esta herencia a sus alumnos, con la consiguiente reproducción en los mismos de la separación entre las ciencias y de otros prejuicios que nos aquejan. No poco de lo que hoy sufrimos, viene de esos orígenes, así como también,  de considerar a las ciencias naturales y exactas, como las ciencias “duras”, por lo que el resto serían entonces las “blandas”.
Resulta del todo imposible hacer esa clasificación, nada científica y bastante peyorativa, por cierto. Pero no creo necesario emplear tiempo introduciéndonos a fondo en una polémica sobre la validez o no de esta clasificación, aunque creemos que en general no es válida. Sin embargo, de lo que sí estamos seguros, es de qué ciencias como la Historia, la Economía Política, la Psicología o la Sociología, para sólo mencionar algunas de las más representativas y básicas, son más difíciles  de asimilar profundamente, que algunas de las ciencias naturales y exactas.
Entre otras importantes razones, porque se trata de ciencias más jóvenes, cuyo cuerpo  sistémico de conocimientos se estructuró hace apenas 200 años; además,  por no disponer éstas de un laboratorio construible de manera artificial, que les permita comprobar a escalas menores sus experimentos; por tener una gran conexión  con los problemas relativos a la conciencia y la subjetividad,  como también  un vínculo muy estrecho con la política, así como  exigir de una acumulación de conocimientos, investigaciones y comprobaciones múltiples, antes de producir un resultado que sea  científicamente  aceptable y potencialmente aplicable a la práctica concreta.
Por el contrario, las ciencias naturales y exactas trabajan  mas  directamente con la realidad objetiva. Aunque ésta pueda no ser apreciable a simple vista. Es posible con relativa facilidad dentro de un laboratorio, reproducir a escala sus actividades y recopilar una información  estadística, que les permita adelantar los posibles resultados de sus experimentos, antes de que éstos sean llevados a la práctica en  escalas mayores.
Es por eso que estas ciencias reciben el calificativo de exactas. Su capacidad de pronosticar los resultados a obtener en sus investigaciones es muy alta, algo muy diferente a lo que ocurre con las ciencias sociales y humanísticas. No quiere decir lo anterior, que las ciencias sociales y humanísticas, no puedan también construir sus laboratorios (planes pilotos, experimentos de terreno) pero se trataría de una muestra o segmento seleccionado  de la realidad  misma y ello resulta mucho más complejo. Tratándose de algo  en  lo que no es posible continuar profundizando en el limitado espacio con que ahora contamos.
La responsabilidad exigida por ambos campos de la ciencia es igual de grande, pero la connotación de sus posibles errores, es muy diferente. No hay dudas de que si a un ingeniero se le cae un puente o a un físico nuclear le falla un experimento, se podrían producir pérdidas irreparables. Sin embargo, si un científico social comete errores al asesorar una política,  la escala de sus consecuencias negativas no sería tal vez inmediata ni tan evidente, aunque es altamente  probable que puedan sentirse por un periodo de tiempo  bastante  más prolongado.
La ciencia en su desarrollo impone retos nuevos de manera continua. Tanto al campo de las ciencias como totalidad como a la sociedad. Ahora, el desarrollo de la llamada Nanotecnología, nos permite conocer que no es lo mismo observar en el macro que en el  micromundo. Ahora sabemos que un componente cualquiera de la “Tabla de Mendeleiev”, puede variar sus propiedades, según se le estudie en la medida macro o en la nano, lo cual es un descubrimiento que tiende ya a revolucionar la ciencia, pero que también resulta un reto importante a enfrentar, no sólo científica, sino también socialmente. Sobre todo, si tomamos en consideración lo que eso representa, entre otros potenciales impactos, para los productores de materias primas de origen natural.
Una de las manifestaciones de las diferencias en los distintos campos de la ciencia, es que, por ejemplo, un físico con un descubrimiento importante, puede obtener el grado de doctor a los 25 años; sin embargo, a un científico social ello le resulta prácticamente imposible. Tal situación no puede ser equilibrada solo a partir de la capacidad individual, sino que tendrá que ser resuelta tomando como base el desarrollo de las propias ciencias sociales, sus instrumentos de análisis y la velocidad a la que viaja la información; aspecto en el cual, con el desarrollo de la informática, se ha avanzado considerablemente. Todas las ciencias han logrado avanzar mucho en el campo de la obtención y procesamiento de la información, pero para las ciencias sociales y humanísticas, dado el carácter de su objeto de estudio, las ciencias informáticas han significado una verdadera revolución en   sus posibilidades. Sin que podamos decir aun que hayamos alcanzado  todo el potencial de aprovechamiento que estas ciencias posibilitan a las ciencias sociales y humanísticas.
Por otra parte, nuestras ciencias sociales enfrentan también el reto de prestar mucho más atención a sus cuerpos científicos básicos, como la historia y la economía política, entre otras, tomando ejemplo de las ciencias naturales y exactas, que tienen una interconexión mucho mayor con sus ciencias básicas; las matemáticas, la física, la química y la biología. No existe entre estas últimas y el resto de las ciencias naturales y exactas, la desconexión con que frecuentemente nos tropezamos dentro de las ciencias sociales y humanísticas, con sus ciencias básicas, a pesar de que en éstas ultimas  el tratamiento holístico, multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario,  resulta más necesario y hasta se podría decir que es ineludible para alcanzar el verdadero conocimiento.
Es más fácil encontrar entre nosotros a un “científico social” que desconozca la Economía Política, e incluso sienta temor de acercarse al contenido de esta ciencia, que a un “científico natural” que soslaye a las matemáticas u otras de su entorno  básico. Al parecer, esto tiene que ver con que un científico natural no puede sobrevivir, por ejemplo, sin las Matemáticas, mientras que un científico social cree que puede arreglárselas sin la Economía Política. También a que cada  ciencia social aporta un campo del conocimiento, que aunque parcial, nos dota de la capacidad de apreciar una parte de la realidad, aunque ello no sea suficiente para pensar en términos de soluciones prácticas   que  necesitan ser  más integrales.
Pero de todos modos,  podemos  decir, que hay una mayor conciencia de la conexión que existe entre ciencias básicas y el resto de las ciencias en el campo de las ciencias naturales y exactas, que la que existe en el de las ciencias sociales y humanísticas, lo cual representa un reto de consideración estratégico, porque descuidar a las ciencias básicas,  en cualquier campo, es como descuidar la piedra angular del edificio de las ciencias y más que ello, su necesaria retroalimentación con los procesos dialécticos de integración y desintegración del conocimiento científico, la producción y la  aplicación de la ciencia. Las ciencias básicas, ya sea dentro de  las ciencias naturales y exactas o dentro de las sociales y humanísticas, tienen que ser alimentadas continuamente por el conocimiento que aportan las ciencias particulares.
Dice el filosofo ruso A. Meliujin, que la ciencia avanza vertical y horizontalmente en un proceso dialéctico indetenible. No es posible entonces, avanzar en el conocimiento científico, si este  no es retroalimentado continuamente por  los campos básicos de la ciencia, las que a su vez reaccionarán produciendo nuevos conocimientos fundamentales. Además, porque estos campos básicos o llamadas ciencias básicas, constituyen la piedra angular de la formación científica de aquellos que después, al arribar a las universidades y los centros de investigación, se dedicarán al trabajo científico;  y será entonces  aquí entonces donde broten las deficiencias en la formación básica, evitando avanzar en el campo concreto de investigación seleccionado.
Salta a la vista por lo tanto, la importancia de la correlación entre investigaciones fundamentales y aplicadas, cosa ésta que comprenden muy bien los científicos de las ciencias naturales y exactas, pero aun insuficientemente los de las ciencias sociales y humanísticas.
Esta comprensión, antes mencionada,  se complica aún más, debido a que hasta hace poco tiempo, se cometían con frecuencia, en nuestra política científica, dos errores básicos: realizar en el campo de las Ciencias Sociales y Humanísticas sólo investigaciones aplicadas, o en ocasiones, poner a estas últimas sólo como simples complementos de las investigaciones a realizar en otros campos de la ciencia, ignorando que en las ciencias sociales y humanísticas, también se hace indispensable una adecuada correlación entre las investigaciones fundamentales y las aplicadas. Y que las ciencias sociales y humanísticas pueden complementar los resultados obtenidos por otras ciencias, sólo si ellas mismas participan, desde el principio, en la concepción y planeamiento de las investigaciones. Es que  las ciencias sociales y humanísticas  poseen tanta personalidad como las otras ciencias, para concebir y desarrollar sus propias investigaciones, básicas o aplicadas. Y porque en definitiva todos los resultados de la ciencia irán a parar al mismo lugar: la vida humana, su entorno y  conocimiento.
Un aspecto específico dentro del cual se ponen de manifiesto, con especial agudeza, los fenómenos arriba mencionados, es en el de las insuficientes relaciones existentes aun entre las ciencias matemáticas y las ciencias sociales y humanísticas, lo que es una de las razones por las cuales, por ejemplo, la modelación política, la lingüística matemática, las relaciones internacionales  y otras disciplinas,  en las que las ciencias sociales y humanísticas utilizan hace ya mucho tiempo a las ciencias matemáticas, presentan tan poco desarrollo en nuestro país.
Ello tiene aun no poca  relación con los prejuicios que se desarrollaron en los ex países socialistas, la URSS en particular, donde las aplicaciones matemáticas a las ciencias sociales, durante mucho tiempo, no gozaron de aceptación ni  simpatía; particularmente, la Modelación Económico-Matemática, que se consideraba un mero intento por introducir el análisis marginal neoclásico en el campo de la Economía. Similar prejuicio existía con la Sociología, que fue considerada durante mucho tiempo, como una simple respuesta  burguesa al  llamado materialismo histórico. Estas situaciones, por suerte, ya han sido superadas en nuestro país, pues trajeron como resultado, entre otros, un modo de abordar los problemas sociales en Cuba, a partir de modelos de análisis con muy poca o ninguna relación con nuestras realidades nacionales.
No puede olvidarse que el socialismo es concreto, por lo que no admite el traslado de modelos analíticos, que nada tienen que ver con la sociedad específica que se desea construir en nuestro país. Por otra parte, durante mucho tiempo, en Cuba no fuimos partidarios de investigar fenómenos de nuestra realidad que, según criterios prevalecientes, no tenían cabida en nuestro entorno  social,  tales como la  prostitución, el  racismo, sexualidad, la droga, etc. La crisis económica de finales de los ochenta y principios de los años noventa, contribuyó mucho a esclarecer estos criterios tanto  a científicos como a  políticos.
De modo que las Ciencias Matemáticas tienen  ya  hoy en Cuba una amplia utilización, aunque  sólo en ciencias como la Economía, la Sociología, la Psicología la Demografía y la Geografía, la Antropología, entre otras. Mientras que en la Historia, las Ciencias Jurídicas, la Filosofía y las Relaciones Políticas Internacionales, apenas se aplican.
Se hace necesario, por lo tanto, para  valorar el desarrollo de las ciencias sociales y humanísticas hoy en Cuba, no sólo hacerlo  por sus resultados, sino también por el desarrollo de sus capacidades para apropiarse de los adelantos científico-técnicos que se hayan obtenido en otros campos de la ciencia, poniéndolos al servicio de la investigación de la sociedad cubana. En particular, también por su capacidad para utilizar a las Ciencias Matemáticas,  como instrumentos  de prolongación de las capacidades metodológicas y  analíticas de las ciencias sociales y humanísticas. En este campo es mucho lo que debemos aprender aún de las llamadas ciencias sociales burguesas, amén del carácter a veces un poco árido y superficial que adoptan en las mismas sus aplicaciones matemáticas.
Ese criterio que tienen los físicos -aunque no son los únicos- de que todos los análisis debe terminar en un número, en una cantidad, puede ser muy válido para esa ciencia, e incluso, para el resto de las ciencias naturales y exactas, pero no necesariamente para las ciencias sociales y humanísticas, en las que las matemáticas, presentan todavía un muy limitado campo de aplicación, al menos en nuestro país.
Decía ese genio mundial, que respondía al nombre de Albert Einstein, que “... no todo lo que cuenta puede ser cuantificado, ni todo lo cuantificable cuenta...”: aunque es cierto que la cantidad es lo que cuestiona y transforma la calidad, trocándola a veces en su contrario y por eso la cuantificación es tan importante. Sin embargo, ello no quiere decir que esa sola (cuantificar) sea la función de las Matemáticas, ya que ellas no tienen que ver sólo con la cantidad y pueden jugar un papel fundamental como instrumento de análisis de las ciencias sociales y humanísticas. Las ciencias matemáticas ofrecen una capacidad analógica y de organicidad de la información,  que no puede ser despreciada por las ciencias sociales y humanísticas, ni por  ninguna otra ciencia.
No basta, ni es conveniente,   utilizar a las Matemáticas como simples “pinceles” de pura ilustración grafica y  cuantitativa, sino que, sobre la base del conocimiento a fondo del objeto de investigación y con una formación matemática mínima  adecuada, le es posible al investigador detectar  aquellos algoritmos, conexiones, isomorfismos e interrelaciones, biunívocas o no,etc,  dentro del objeto de estudio, que le permiten determinar en qué momentos o planos del análisis ésta ciencia puede desempeñar un papel importante como instrumento de prolongación de las capacidades analíticas de las ciencias sociales y humanísticas.
La abstracción es, y será aún, el método por excelencia de las ciencias sociales y humanísticas, y yo diría también,  de toda la ciencia,  pero auxiliándose de las Matemáticas, para las ciencias sociales y humanísticas,  es posible descubrir conexiones dentro de los fenómenos estudiados que nos pueden aportar mucho para lograr resultados, que sólo un análisis cualitativo puro no aportaría. Se trata de la relación dialéctica  entre lo cuantitativo y lo cualitativo, que se expresa aquí con particular fuerza.
El comportamiento de la relación entre cantidad y la  calidad, en las ciencias sociales y humanísticas, está determinado por el campo específico de su aplicación. El potencial cuantitativo no absolutizado del análisis deviene en un instrumento que sirve para descubrir nuevas cualidades. Se trata de la ley de la transformación de la cantidad en calidad y viceversa, o llamada ley de los cambios cualitativos y cuantitativos.
Las propias leyes matemáticas toman sus expresiones particulares en el campo de las ciencias sociales y humanísticas. Ningún instrumento lo es por sí mismo, sino por el campo de su aplicación; es el campo concreto de aplicación, lo que hace del instrumento lo que es, y así se comportan las Ciencias  Matemáticas dentro de las ciencias sociales y humanísticas.
No hace mucho discutíamos con algunos  físicos  sobre estos problemas y se ponía de manifiesto la limitación de que para ellos el análisis matemático significa que todo debe terminar en una cantidad, en un número.
Algunos matemáticos y físicos con los que hemos hablado, comprenden esto bien, pero otros tienden a pensar que las leyes matemáticas y sus principios, por ser “simplemente” universales, no pueden sufrir ninguna modificación en sus formas de expresión. Es cierto que se trata de principios universales, pero esa universalidad es sumamente compleja, teniendo variados campos específicos de manifestación. Además,  porque dialécticamente hablando,  la cantidad se niega reafirmándose y se reafirma negándose, pues el universo es uno, pero extraordinariamente diverso y complejo  al mismo tiempo.
En cuanto a la morfología, las ciencias matemáticas, cuando son aplicadas a otros campos del conocimiento tan diferente al de las ciencias naturales y exactas, como lo son los del campo de las ciencias sociales y humanísticas, estas producen fenómenos, formas de manifestación de sus leyes y de sus principios generales, que en el campo de las ciencias naturales y exactas, a veces, no tendrían sentido, pues se trata de formas de expresión, cuyo significado solo podría hallárselo un científico del campo concreto de investigación en que están siendo aplicadas.
No es algo posible de discutir a fondo, en el breve espacio de este artículo, pero defendemos la tesis de que las ciencias sociales y humanísticas en Cuba tienen mucho que decir aún en el campo de la aplicación de las Ciencias Matemáticas a sus objetos de investigación; que van desde el hecho que las relaciones económicas no están situadas exclusivamente en el primer cuadrante del eje de coordenadas, hasta el que una variable -dependiente e independiente al mismo tiempo- puede reaccionar sobre sí misma, lo que visto de manera puramente matemática-cuantitativa podría parecer un absurdo, pero que, por ejemplo, en el campo de la Modelación Política, tendría total sentido.
Pueden surgir aportes a las propias Ciencias Matemáticas, cuando éstas son aplicadas a los fenómenos sociales. Lo cual no hace sino poner de manifiesto, que en definitiva, la ciencia es una sola -y diversa al mismo tiempo-, por cuanto todo el resultado de la ciencia va a dar al mismo lugar: el hombre, su entorno natural y social y el campo de su subjetividad, reafirmando que si el universo es uno solo, la ciencia también lo es; pues las ciencias particulares y sus múltiples interpenetraciones, no son más que planos del conocimiento de la realidad y de la subjetividad que siempre le acompañan.
Tratando de solucionar estos problemas,  han surgido en los últimos 20 años al menos un conjunto de método  que acercan cada vez más la aplicación de las ciencias matemáticas a las ciencias sociales. Teoría de redes, programación, procesos estocásticos, redes neuronales, de los cuales los científicos sociales deben  apropiarse
Son muchos los retos que aún enfrentamos, pero con lo dicho hasta aquí, creo que se hace necesario reaccionar sobre los currículos de nuestros procesos de formación académica, para comenzar a resolverlos. Asunto al cual nos referiremos en el contexto de un próximo artículo.
La Habana, Septiembre  del 2011