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lunes, 26 de enero de 2015

Un reto de la negociación entre Cuba y Estados UnidosCUBA Y ESTADOS UNIDOS

Esteban Morales
UNEAC


Raúl Castro ha dicho en repetidas ocasiones que para sentarse a la  mesa de negociaciones, con Estados Unidos, solo lo haría en igualdad de condiciones y con respeto de la soberanía e independencia de  Cuba.Es de suponer, que en la conversación sostenida con Obama, antes del 17 de diciembre del pasado año,  lo anterior quedo expresado y a la vez sobreentendido. No es aceptando las  imposiciones y  mesianismos de Estados Unidos, que Cuba aceptara negociar. Y ello despoja a  Obama de las que han sido las principales  armas de Estados Unidos en su política exterior. El peso de su  fuerza y la  imposición.

 Estados Unidos no está habituado a negociar en igualdad de condiciones, no  sabe, su diplomacia no está preparada para ello. Su aparato de diplomacia  siempre ha podido negociar con un sable en la espalda de sus interlocutores. Y  ese es el mayor reto que tiene con Cuba ahora. ¿Podrá satisfacer ese reto? ¿Podrá la diplomacia norteamericana sortear  ese escollo histórico ahora  con su  vecino?

Al rememorar las negociaciones celebradas entre Cuba y Estados Unidos, tal y  como aparecen reflejadas en nuestro reciente libro, se puede observar  claramente, como  la parte norteamericana, no respetaba la agenda previamente  acordada, se resistía a negociar con la parte cubana en igualdad de condiciones,  no respetaba la soberanía política de Cuba y exigía a esta lo que el propio Estados Unidos no se exigía asimismo. Siendo estas las causas de que, a pesar de  que se arribo a algunos acuerdos, lo fundamental,  que era restablecer las  relaciones  normales  entre ambos países, resulto  un verdadero  fracaso.  Creo que no debemos repetir esa  historia, de la que hay suficientes  antecedentes y experiencias recogidas, que nos podrían ayudar mucho ahora.  De todos modos, han transcurrido exactamente 37 años y vivimos un periodo  histórico en el que Estados Unidos no sería capaz de imponer su voluntad en las  negociaciones ni aun utilizando la fuerza, la cual no creo este interesado en  esgrimir ahora con Cuba, por lo que eso implicaría para su política en el  hemisferio.  Si desde el principio, Estados Unidos, pone de manifiesto su voluntad de  negociar en igualdad de condiciones con Cuba y sobre la base del respeto a la  soberanía e independencia política de esta, Cuba tendrá incomparablemente más  oportunidades  de satisfacer sus intereses, negociar sus  diferencias con  Estados Unidos y controlar el ritmo de cumplimiento de los acuerdos a que se  llegue. Pues no se trata de que Estados Unidos pueda someter a la  Isla a una  avalancha de medidas, atiborrándola con el peso de su capacidad, sin dar  oportunidad a Cuba de procesar el ritmo de las negociaciones;  por lo  que  tendrá que respetar también las asimetrías  que se pondrán  de manifiesto, algo  con lo  que Estados Unidos  tendrá  que contar,  para estar en condiciones de  cosechar  los resultados  de    las iniciativas que  despliegue durante las  negociaciones.  Es decir, no se trata solo de que Estados Unidos acepte la igualdad de  condiciones  en las negociaciones, en términos superficiales, sino que acepte  además que está negociando con un país al cual deberá también respetar sus  capacidades y ritmos para responder a las negociaciones. Porque Cuba nunca podrá  equilibrar  de manera inmediata el  ritmo y la capacidad con que Estados Unidos  se puede mover sobre ella, sin tomar en consideración toda la  asimetría que se  pondrá de manifiesto en ese  proceso. Luego la llamada igualdad de condiciones  en las negociaciones lleva implícito también que Estados Unidos deberá adecuar  su ritmo  para igualarlo con el de Cuba y que esta ultima pueda responder al  proceso de las negociaciones. No es que con ello Cuba este pidiendo clemencia a  Estados Unidos,  sino que es irreal tratar de otra forma el asunto, sin  reconocer un fenómeno  que es ineludible y del cual nadie tiene la culpa. 
 
Esta situación ya es posible observarla claramente, cuando vemos la rapidez  con  que Obama ha reaccionado, desplegando de manera concreta las medidas que anuncio  en su discurso del 17 de diciembre.  Sabemos que el Presidente quiere ganar tiempo y avanzar rápidamente hacia  una  consolidación de posiciones en su agenda  con Cuba,  que pueda evitar dar marcha  atrás a  lo que se ha obtenido hasta ahora y se logre obtener  en el futuro.  Por supuesto, que ese anuncio de Obama, ahora,  deberá pasar primero por la  mesa  negociaciones con Cuba, donde quedaran establecidos los acuerdos  y tal  vez hasta los ritmos y tiempos con que Cuba podrá dar respuesta a tales acuerdos.  No creo que Obama esté interesado en utilizar el peso de Estados Unidos para,  más que negociar,  aplastar a Cuba en las negociaciones. Pues se trataría de un  absurdo incomprensible. Obama tiene que aceptar, que es  Él quien tendrá que  esperar por Cuba;  en definitiva esta última ha espera 54 años por Estados  Unidos y no precisamente disfrutando.  Si Obama no  entendiera o no aceptara esa realidad, todo se frustraría, porque 
Cuba no aceptaría nunca quedar sometida a  lo que sería una verdadera trampa  contra el ejercicio de su soberanía,  en las negociaciones que el presidente de  los Estados Unidos le ha propuesto.   
 
Enero 18 del 2014.
 
 
 

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