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martes, 2 de febrero de 2016

Un balance con aspiraciones y esperanzas de continuar: primer aniversario del 17D



Esteban Morales Domínguez
UNEAC

Hemos cumplido el primer año de una iniciativa histórica, promulgada  por ambos gobiernos. Aun nos puede parecer un sueño haberlo logrado. Se trata de un acontecimiento que muchos han disfrutado. Aunque tampoco  han faltado las preocupaciones. Sobre todo, de los que han vivido en las “entrañas del monstruo”.
Después de más de  cincuenta años de  tensas, agresivas y peligrosas  relaciones entre Cuba y Estados Unidos, Obama presentó su iniciativa de lo que pudiéramos llamar, el comienzo  del desmontaje de   la vieja política y el  inicio de las que pudieran ser nuevas relaciones entre ambos países. El presidente Raúl Castro asintió. No tenía otra cosa que hacer, después de 18 meses de negociaciones  en que ya se habían logrado  los acuerdos preliminares. No era Cuba  la que debía quitarle de encima a Estados Unidos  una política agresiva de más de 50 años.
Pensamos  que comparado con el lugar donde estábamos, hasta hace muy  poco tiempo,  hemos avanzado bastante. Estados Unidos ha reconocido a Cuba como interlocutor, respetando su soberanía e independencia. Lo que no tiene precedentes en  la historia de nuestras relaciones.
Ambos países se han sentado a la mesa de negociaciones  sin los condicionamientos históricos  que obstaculizaron siempre  ese paso, los que incluso llegaron a frustrar las negociaciones que se desarrollaron durante el periodo de la Administración de James Carter.
Obama varió inteligentemente la ruta crítica, proponiéndonos  primero tener relaciones  y sentarnos a  negociar después.
No obstante,  los condicionamientos continúan existiendo,  aunque  estos  han dejado de funcionar como obstáculos inmediatos para que ambos países  hayan tomado el camino de los acercamientos. Sin dudas, las negociaciones  van avanzando, aunque todavía se muevan más por las ramas que por el  tronco. Pero no  hay que desesperarse, para llegar a la sustancia de los problemas que nos han  enfrentado  por más de 200 años,  aún falta mucho  tiempo.
Sin embargo,   ya existen relaciones diplomáticas entre ambos países,  Obama trató de apurarlas, para llevarlas a la Cumbre de Panamá, pero se establecieron al ritmo que Cuba exigió. Primero tenían que sacar a la Isla de la lista de países promotores del terrorismo. Se  trata de relaciones bastante normales, tenemos de nuevo  embajadas en La Habana y  Washington. Es posible decir que   para dos países entre los que durante mucho tiempo no se concebían posibles aproximaciones, es bastante. Pues antes  primaba solo la agresividad, la desconfianza, el temor  y hasta el peligro de “irse a las manos”. Creo que  ello es  suficiente para sentirnos  optimistas y hasta  relativamente tranquilos también.
Ya ese solo hecho ha servido para generar un cierto ambiente político, en que a pesar de las dificultades y obstáculos  que aún permanecen, nos llena de esperanzas  de que con la voluntad mostrada hasta hoy  por ambas partes, se  pueda  continuar avanzando.
Los encuentros bilaterales han funcionado sobre la base de  la profesionalidad, el respeto mutuo y la intención de encontrar soluciones que nos  permitan avanzar. Parece que hay voluntad política para hacerlo y no debemos perder el  tiempo.
No es poco lo que se ha negociado. Correo directo, narcotráfico,  vuelos comerciales, medioambiente, aspectos de seguridad marítima, fraude  migratorio, telefonía  e internet, reglas para las embajadas, etc.
Sin embargo, durante el año, No se ha avanzado en ninguno de los asuntos que son claves para Cuba: bloqueo, devolución de la base naval, agresividad mediática y compensación por daños.
Sobre el   primer  asunto, ni siquiera es  posible decir  que las medidas adoptadas por Obama en enero y septiembre de este año   hayan servido  para aliviar la situación de Cuba frente al bloqueo, mientras este espera a que el Congreso lo levante. A  pesar de que, como ya hemos mostrado fehacientemente,  Obama posee  más que  suficientes   prerrogativas  presidenciales para erosionarlo. No obstante y a pesar de eso, deja el asunto al  Congreso, al que le ha pedido eliminarlo y ahora lo reitera, lo cual no  causa  buena impresión.
Además, Obama no levanta la prohibición del uso del dólar, tampoco suaviza las reglas del sui generis  comercio que continúa disminuyendo. No levanta la prohibición al ciudadano norteamericano  de  hacer turismo en  Cuba;  no libera al   capital norteamericano para que invierta en Cuba;  mientras que sí trata de empoderar al mediano y pequeño inversionista, estableciendo algunas reglas un tanto enrevesadas para facilitar el comercio  con  el aún incipiente sector privado.  Esas  medidas que no ha tomado y que podría hacerlo, son las   que contribuirían a un  avance real de la economía cubana. Sobre todo, si el reto fundamental de la Isla es  tratar de hacer avanzar su nuevo modelo económico.
Sin embargo, Obama libera  el correo, favorece el crecimiento de las remesas, libera los vuelos comerciales, aumenta el contenido de los paquetes que pueden ser enviados a los cubanos desde Estados Unidos, amplía las categorías de visados  para que los norteamericanos viajen a Cuba, , tendiendo también a mejorar otros aspectos que tienen que ver con medio ambiente, narcotráfico, seguridad marítima, ya mencionados y la vez,, aumenta  el financiamiento a  la disidencia.
Es decir, si nos fijamos en cuáles son las cosas que Obama tiende a facilitar y las que aún  no facilita, no es difícil percatarnos de que apoya con vehemencia todas aquellas medidas que lo colmarían  de una aureola favorable ante la sociedad civil cubana, mientras que presiona  de manera negativa  y  fuertemente, contra  todos aquellos aspectos que facilitarían al liderazgo político cubano avanzar en sus planes de fortalecer la economía estatal y concretar la formulación del nuevo modelo económico. Tal y como ha hecho con las  brutales multas impuestas a la banca internacional.
Por eso, a pesar de que hemos avanzado en el año transcurrido,  lo cual es innegable, también lo es , el que su estrategia de política continúa siendo la misma  que fue diseñada a principios del  2009:  utilizar el bloqueo como instrumento de presión , dividiéndolo en dos: con zanahoria  tratar  a la sociedad civil; mientras que con garrote,  tratar  al gobierno cubano.
Razón por la cual, mi actitud desconfiada,  ya desde entonces, continúa teniendo  una base sólida de sustentación. Desconfianza que incluso se ve   afianzada  cuando tratamos de respondernos algunas preguntas:
¿Por qué permanece  como espada de Damocles la posibilidad de que Obama continúe presionando sobre la banca internacional  contra Cuba?
 ¿Por qué   continúa sin utilizar las prerrogativas  presidenciales que  le permitirían aliviar a Cuba los dolores del bloqueo?
 ¿Por qué  no libera al inversionista norteamericano para permitirles invertir en Cuba?
¿Por qué no libera la utilización del dólar?
¿Por qué continúa la propaganda negativa contra Cuba a través de emisoras de radio y televisión que tienen la finalidad de transmitir para la Isla, 
¿Por qué continúa la asignación de dinero para la disidencia y las presiones contra  el sistema político cubano?
Y más recientemente,
 ¿Por qué Obama sujeta su visita a Cuba a la condición de poder hablar con la disidencia?

Diciembre 22 del 2015

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