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martes, 26 de enero de 2016

¿Corrupción?



Esteban Morales Domínguez

UNEAC

Cuando entre  abril  y  junio del 2010, escribí mis dos primeros  artículos sobre la corrupción, “Corrupción: la verdadera contrarrevolución” y  “El misterio de la santísima Trinidad: corrupción, burocratismo contrarrevolución”, algunos  se preguntaron por qué  me metía  en un tema, que le  daba armas al enemigo y que el Partido quería mantener  bajo la más completa discreción. Me resultaba ciertamente imposible  imaginar  que alguien pudiera pensar de esa manera, ante un fenómeno  tan  peligroso  para el país.

Para entonces, nuestra prensa, llamémosla  oficial, no reflejaba  el tema. Ahora, casi tres años después, tampoco lo hace. Apenas salen algunas pequeñas referencias de cosas que no les queda más remedio que publicar. De todas maneras, la gente está enterada, porque como decían siempre mis abuelas,  “entre cielo y tierra no hay nada oculto”. Mucho menos en el mundo de la fibra óptica y  de los satélites de la  información y donde existe una prensa alternativa, que se apoya en los blogs, los correos electrónicos  e internet e  informa sistemáticamente sobre todo lo que la prensa cubana no pública.

Pero ¿por qué nuestra prensa, a pesar de la atención que presta actualmente el gobierno  al tema de la corrupción,   no refleja apenas nada sobre la misma? Solo en una ocasión, hace ya algún tiempo, se informaron de algunas juicios que se le hicieron a acusados de corrupción, así como su nombres y las  condenas que sufrieron.

Ahora se conoce que hay cientos de procesados,  por corrupción, que han llegado incluso a cambiar la composición racial y social  de los encarcelados,  pero no existen detalles  que nos permitan conocer cómo van los procesos  y mucho menos,  los nombres de los que se encuentran  bajo esa condición.

¿Por qué se insiste en mantener bajo un “manto de discreción informativa” los procesos que tienen lugar? ¿Quiénes se benefician con eso?

No olvidemos además,  que hay además la corrupción que está acompañada por  los privilegios  de que gozan algunos, que se han acostumbrado a vivir de los recursos del estado, como si les perteneciesen. A  esos  hay que llegar también, porque se crean  hábitos  de usufructo, que facilitan que los que los disfrutan,  se conviertan en  corruptos.

Lejos de  estar  frente a   una cuestión de discreción o de secretismo,  que  no tiene razón de ser, pues se trata de “un secreto  a voces”, la actitud de nuestra prensa  ya da lugar a ciertas   sospechas.

¿Es acaso, que a pesar de las constantes  críticas de Raúl Castro, existe alguien, en algún nivel de la estructura de dirección,  interesado en que el tema no se divulgue? ¿Tendremos algún topo infiltrado? Vivimos un momento muy complicado, una verdadera encrucijada, como para tener al enemigo dentro de nuestras propias  filas.

Muy interesante además  resulta,  que  desde Barcelona han aparecido voces, de un Sr. llamado André Mari Domingo, criticando  que se esté  atacando tanto a la corrupción.  Sería bueno saber cuáles son sus amigos  en Cuba.

No  creo que se  esté  cometiendo ningún error con librar una guerra contra la corrupción y contra los corruptos. Porque estos últimos ya hace mucho que decidieron de qué lado están. Se trata de enemigos de la revolución y con ellos no se puede tener la más mínima  condescendencia.

Recientemente, Cuba ha   recibido un reconocimiento internacional   por el trabajo que se viene realizando contra la corrupción. Pero no debemos dejarnos impresionar  demasiado.  Aun nos resta mucho camino por recorrer para decir que tenemos a la corrupción bajo control. Creo que tanto en los métodos que utilizamos como en la participación debemos avanzar mucho aun.

La impunidad y la  facilidad con que declaran los propios corruptos, en los videos,  haber logrado apropiarse  de los recursos del estado, infunde  temor, ya que muestra el grado de descontrol que  existe, así como el nivel de comprometimiento que tales hechos implican. Se observa claramente, la existencia de una burocracia administrativa, que  se deja sobornar con  extraordinaria facilidad y que se los mecanismos  que utilizan los corruptos  han estado funcionando durante largo tiempo y con un buen número de implicados, lo que conforma   verdaderas   redes,  que no pueden ser  desarticuladas,  hasta que elementos ajenos al círculo de relaciones creadas  penetran, rompiendo algún eslabón de la cadena.

Ello  se debe, sin dudas, a que el más desmedido  soborno desempeña un papel  fundamental,  para  que estos mecanismos de corrupción operen durante tanto tiempo. Por lo que cuando son descubiertos, ya las pérdidas son cuantiosas y  prácticamente irrecuperables, dejando un lastre  moral  y político,   que  ha corrompido y  contaminado  hasta sus cimientos la estructura de la entidad en cuestión. De modo que por lo general,  poco  puede ser salvado,  porque aun aquellos que no se  hayan beneficiado de manera directa, esperaban su oportunidad para beneficiarse   o convivían con la situación sin tener capacidad   física y  moral para detener el proceso.

Por eso,  en uno de mis artículos, al referirme a la corrupción, apuntaba, como existe a la entrada de los mercados estatales,  individuos que proponen las más disimiles mercancías, desde aires acondicionados, hasta  muebles,  pintura, piezas de repuesto, y otros, que a veces no están en venta en el mercado estatal.

Los que controlan este mercado, diríamos marginal, son simples empleados o directivos, que desde adentro le suministran las mercancías a esos individuos y  que  salen de los propios almacenes estatales. Porque como también decía en un artículo anterior, ni esas mercancías que se proponen a las puertas del supermercado pueden provenir de los paquetes que vienen de Miami, ni los que las venden, cuentan con los mecanismos para importarlas.

Por tanto,  no se trata de una simple venta ilegal, ni de algo robado, sino más que eso. Se trata de que los propios funcionarios estatales, encargados de custodiar y vender las mercancías,  las  sustraen y entregan a  esos individuos, que incluso la pueden vender a precios preferenciales cuando son mercancías que existen en los supermercados y a precios más altos, cuando son mercancías  escasas, que desaparecen rápidamente del mercado estatal, posiblemente para poder ser vendidas en bolsa negra.

Tal mecanismo corrupto, no pueden dirigirlo sino aquellos funcionarios estatales, que son los que reciben las mercancías, controlan sus existencias en los almacenes y cuentan con los dispositivos  administrativos, que les permiten  mantener dos mercados, el del estado y el propio.

Otra manifestación de ilegalidad es la alteración de los precios dentro de la misma tienda  estatal, lo cual solo puede hacerse en coordinación con  empleados internos. Salvo el llamado fraude por  las mermas, que no son tales a veces, tal mecanismo es indetectable financieramente. Porque  en los controles oficiales  nunca aparecerían los precios a los que las mercancías han sido realmente vendidas;  eso solo lo sabe el que las compra, que es “multado”, como se ha hecho costumbre decir, por haber pagado por una mercancía un precio superior  al  que debieron ser  vendidas.

Sin embargo, el ciudadano nunca podrá estar seguro  si el precio a que está comprando, dentro  o fuera, es el verdadero precio que tiene la mercancía, porque ese nunca aparecerá, ese lo guarda el funcionario, para saber cuánto puede ganar,  que es lo que debe repartir a sus socios  de fechorías y cuánto debe   entregar al estado, para que el fraude no pueda ser detectado.

Por tanto,  la corrupción  contamina toda  la estructura  estatal de gobierno, deviniendo en un problema de seguridad nacional, por lo que debe ser atacada, por la estructura gubernamental y política y penada con todo rigor, por las instituciones encargadas de ello.

Se trata de un fenómeno, que requiere un tipo de penalización,  que impida a toda costa la reincidencia, la reanimación de las  relaciones que lo  engendran,  así como  que imposibilite que establezca conexión con la delincuencia internacional. De no lograrse mantenerla bajo control en el ámbito nacional, este mecanismo corrupto,  hace causa común con el narcotráfico, el comercio  ilegal de armas, las mafias, el contrabando de personas  y hasta con  el terrorismo.

Quienes se habitúan a vivir a costa de los bienes del estado, acumulando con impunidad e indetenidamente dinero,  riquezas y poder, de manera ilegal, no se detienen ante ninguna frontera que le  limite la posibilidad de la vida fácil, colmada de riquezas y poder. Por lo que la corrupción, de no poder ser detenida, puede llegar al crimen y hasta el magnicidio.

Muchos funcionarios  tratan los bienes estatales como si les pertenecieran  y en medio de la confusión --de la que no nos hemos librado aun--  entre propiedad estatal y propiedad social, disponen  de los bienes estatales,  los administran  e incluso,   disfrutan  de ellos, olvidando no pocas veces, que los bienes son del pueblo,  son propiedad social  y no de ningún estado  o gobierno en particular.

No es suficiente  ningún aparato  burocrático para combatir la corrupción, ya que no es ningún secreto,  que la burocracia  resulta ser  corrupta por su propia naturaleza;  tiende a hacer causa común con los corruptos. Para ello, se auto impone límites, establece compromisos, que son más fuertes,   mientras a más alto nivel se encuentra la corrupción.

La posibilidad de detener la corrupción debe basarse en un sistema de participación colectiva. Junto a los dispositivos estatales y de gobierno que combaten  la corrupción,  deben estar los trabajadores organizados,  defendiendo el enfrentamiento a la corrupción, fiscalizando  los procedimientos, sirviendo de contraparte a los funcionarios estatales y de gobierno, evitando la penetración de los mecanismos de control y  exigiendo la transparencia  en los procedimientos.

Los trabajadores no deben permitir, que ningún organismo burocrático luche solo contra la corrupción, sin la  explicita participación y fiscalización de sus organizaciones.

La Habana, Noviembre 8 del 2015

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